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Condena sin pruebas
Enrique Vargas Peña

Evidencia circunstancial es aquella que constituye una prueba indirecta, un indicio; la que permite inferir un escenario de acuerdo a las probabilidades, un hecho que puede ser usado para deducir otro hecho; algo que implica que ocurrió un hecho pero no lo demuestra directamente.
 

La evidencia real, en cambio, es aquella que prueba por sí misma un hecho.

La calificación de las evidencias depende de cada caso. Lo que en uno puede ser circunstancial, en otro puede ser real, de acuerdo a la cuestión a que responde.

Puede haber casos en los que el testimonio de las personas puede ser considerado evidencia real aunque no logré que alguien me ilustre sobre cuáles podrían ser tales casos.

En general, los testimonios de las personas son evidencia circunstancial: El testimonio de Gumercindo Aguilar en el caso del asesinato de Luis María Argaña ejemplifica claramente su alcance, sus límites y sus riesgos.

No puede ser de otro modo, desde que el testigo puede mentir, tener interés o sufrir presiones. Esta es la razón por la que la ciencia forense se ha desarrollado tanto y exige cada vez mayor desarrollo.

Los análisis laboratoriales son también, en general, evidencia circunstancial. Una prueba de ADN de manchas de sangre en un crimen indica que es posible que la persona indiciada por la misma haya estado en el lugar, pero no prueba directamente que haya cometido el hecho.

Sin embargo, la misma prueba de ADN es evidencia real de la paternidad de alguna persona. Un resultado positivo certifica directamente la responsabilidad del progenitor.

En el caso de los indígenas de Itakyry que denunciaron haber sido intoxicados por productores agrícolas el pasado 6 de noviembre, el jueves 17 de diciembre se dieron a conocer los resultados de los exámenes laboratoriales de treinta y dos muestras extraídas a los denunciantes bajo control, según el fiscal Gustavo Sosa, del Instituto Nacional del Indígena (INDI), la Secretaría del Ambiente (Seam) y el Ministerio de Salud.

Las treinta y dos muestras fueron sometidas a un “screening” (de pantallazo: exploración de amplio espectro, investigación de antecedentes) de pesticidas en el laboratorio Díaz Gill. El “screening” permite detectar los efectos de una extensa lista de pesticidas. Las pruebas indican que no hubo impacto de pesticidas en las treinta y dos muestras.

Si el “screening” es completo, sería una evidencia real de que no hubo intoxicación.

El comunicado que, a instancias de Fabián Forestieri Alvarenga, publicó en Londres, el 10 de noviembre, la ONG Amnistía Internacional resume la historia oficial: “El viernes 6 de noviembre, más de 50 hombres, aparentemente representando productores de soja brasileños que reclaman la titularidad de la tierra, llegaron al distrito de Itakyry… Las comunidades indígenas resistieron usando arcos y flechas. Más tarde ese día, un avión roció directamente sobre las casas de los indígenas, con lo que se cree eran pesticidas generalmente usados sobre cultivos de soja. Más de 200 personas fueron afectadas y reportaron haber sufrido vómitos y desmayos, entre otros síntomas. Al menos 7 personas fueron llevadas al hospital”.

Ahora, el gobierno descalifica las pruebas laboratoriales. Tanto la ministra Esperanza Martínez como el doctor Iván Allende sostienen tres cosas para decir que las pruebas laboratoriales son de validez relativa.

Primera, que no creen que en la lista de pesticidas abarcada por el “screening” se encuentren todos los posiblemente causantes de la intoxicación y que, además, se realizó tardíamente, afectando la incidencia de contaminantes en las muestras.

Segunda, que los análisis clínicos realizados por médicos al servicio del Ministerio de Salud o de otras agencias gubernamentales en el lugar de los hechos, tienen mayor rigor que los análisis laboratoriales.

Tercera, que, en realidad, lo que el gobierno denunció abarca también intoxicación crónica originada en violación de leyes ambientales aplicables al uso territorial.

La primera afirmación del gobierno implica, a su vez, dos cosas.

Primera, que el fiscal Gustavo Sosa y los funcionarios del Ministerio de Salud, de la Seam y del INDI que participaron en el proceso de lograr las pruebas laboratoriales se olvidaron de exigir al laboratorio Díaz Gill que incluyera en las mismas los pesticidas a los que ellos atribuyen la intoxicación. También que admitieron una prueba inválida por tardía.

Segunda, que el laboratorio “Díaz Gill” no tiene un “screening” de pesticidas riguroso ni útil, pues no incluye los pesticidas a los que ellos atribuyen la intoxicación.

La segunda afirmación del gobierno pretende que se otorgue a testimonios de parte, evidencia circunstancial por excelencia, mayor validez que a la evidencia real.

La tercera simplemente se construyó a posteriori, como lo prueba el comunicado de Amnistía Internacional, que recoge y resume la posición gubernamental de aquellas fechas.

El gobierno tiene derecho, como se establece en las disposiciones del artículo 17 de la Constitución, a controvertir y a verificar las pruebas.

Pero la decencia prohíbe a cualquier gobierno medianamente moral condenar, como el gobierno de Fernando Lugo ha condenado, sin tener todas las pruebas. El gobierno ha condenado a los sojeros de Itakyry –ver comunicado de Amnistía– genéricamente, como hacen los totalitarios, sin pruebas suficientes, como hacen los autoritarios.
 

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pietro giovanni dijo:
ENRIQUE!!!!En estas fiestas te deseo lo mejor a vós y flia,también al Paraguay. Sigamos debatiendo civilizadamente(a veces, de mi parte un poco agrio e ironico),esto nos hace mejores ciudadanos. Saludos a todos los de blog!!!!!

Publicado el 23.12.09 11:50:00 AM

Ramón dijo:
La soja creciendo en el campo con toda la fotosíntesis de su verdor solo secuestra carbono, limpiando el aire. El petróleo muriendo en el fondo del pozo de azufre financia el secuestro de la gente, contaminando la política, la religión y la economía.

Publicado el 21.12.09 06:36:00 AM

RUFINO dijo:
Parece que a ese ministerio no le intersan las pruebas, entonces no les queda mas que LA MENTIRA OFICIAL. De esa manera se ha matado gente en Nemby, Avai y casi murieron en Itakyry. Lo grave es que asi acusan en documentos oficiales y hasta denuncian a la prensa (show mediatico). Despues lalan o chillan cuando se les demanda.

Publicado el 20.12.09 09:22:00 PM

RUFINO dijo:
Parece ser que al gobierno no le importan ni le interesan, cuestiones tales como pruebas, analisis, etc., porque un grupo muy radicalizado ya tiene un preconcepto sobre los sojeros (literalmente les odian). La consigna es #la soja mata#, todo los demas, hasta la ridiculeces de sus afirmaciones parece no importar.

Publicado el 20.12.09 05:31:00 PM

gerardo dijo:
La decencia es un artículo bastante escaso en este país; como en muchos otros casos (caso "ética", por ejemplo) se hace uso y abuso del término, y a veces el mismo que lo usa no tiene ni siquiera idea de lo que dice. No me refiero específicamente a este caso, en el que la solvencia intelectual del Dr Vargas Peña excluye cualquier sospecha de equívoco o tergiversación en el uso del término. Me refiero a los otros, a quello que deberian de poner el concepto por delante de sus intenciones y de sus acciones. Estos sojeros no son ningunos nenes de pecho, su poder economico les concede una indiscutida impunidad para realizar todo tipo de fechorias mediambientales. Las supuestas víctimas tampoco pecan de ingenuidad, su ideologizaciòn (por otro lado legítima, si hacen un uso legítimo de ella) les enceguece y son capaces de cualquier accion aviesa que les reporte beneficios "adicionales". En cuanto al gobierno, bueno, desde los tiempos bíblicos (véase el libro de Samuel) ya se sabe que el gobierno en sí mismo no incluye entre sus virtudes la decencia. Siendo que la decencia es la madre de la ley, y es un artículo que escasea dramáticamente en este país, qué podríamos esperar de la ley y su eficacia para regular la convivencia de los ciudadanos? Creo que ésta es la cuestión.-

Publicado el 20.12.09 03:43:00 PM



Sobre el Autor
Enrique Vargas Peña es periodista y columnista del diario La Nación desde hace 13 años. Fue editor del área Internacionales. Fue corresponsal de guerra en Pakistán durante la crisis de Afganistán, conflicto bélico posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Asimismo, se desempeña como conductor de los programas radiales "Tierra de nadie" y "Tarde de perros" en La 970 AM; y "60 Minutos" en Montecarlo FM, ambas emisoras pertenecientes al Grupo Nación. Participó de varias conferencias y talleres como disertante.

email:opinion@lanacion.com.py

Sobre la columna
Esta columna se dedica a analizar con sentido agudo y crítico la realidad nacional, enfocando su contenido en aspectos políticos y sociales, así como un pulso a la actualidad internacional.
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