Aclara también el diccionario que la omisión es un pecado en el que se incurre dejando de hacer aquello a que se está obligado por ley moral. Obligado por ley moral.
Los obispos de la Iglesia Católica deben ajustar su conducta a lo que dispone el Capítulo II (De los Obispos) del Título I (De las Iglesias Particulares y de la Autoridad Constituida en Ellas) la Sección II (De las Iglesias Particulares y de sus Agrupaciones) del Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983 por el Papa Juan Pablo II.
El Canon 387, por ejemplo, les obliga a “dar ejemplo de santidad…debe procurar con todas sus fuerzas promover la santidad de los fieles…ha de cuidar incesantemente de que los fieles que le están encomendados crezcan en la gracia…y conozcan y vivan el misterio pascual”.
El Canon 386 ordena que los obispos enseñen y expliquen “las verdades de fe que han de creerse y vivirse” y que defiendan “con fortaleza, de la manera más conveniente, la integridad y unidad de la fe, reconociendo no obstante la justa libertad de investigar más profundamente la verdad”.
La verdad. La verdad.
Como también seguramente saben todos los creyentes y como están obligados a saber los obispos, las Sagradas Escrituras del catolicismo refieren, en Éxodo 20:2-17; Éxodo 34:28; Deuteronomio 5: 6-21 y Deuteronomio 10:4, que Dios en persona dictó a Moisés unos mandamientos, los Diez Mandamientos.
El octavo mandamiento ordena: “No dirás falso testimonio ni mentirás”.
Según los textos doctrinarios de la Iglesia, pues, los obispos no deben mentir. Deben decir la verdad.
El 15 de abril de 2009 mantuve una entrevista con el obispo Zacarías Ortiz, de Concepción, integrante conspicuo de la Conferencia Episcopal Paraguaya, quien admitió en dicho reportaje que los obispos conocían desde hacía mucho tiempo que al menos uno de ellos, Fernando Lugo, tenía una vida sexual desordenada.
Pero el obispo Ortiz recién habló en abril de 2009. Ni él ni sus demás colegas hablaron en abril de 2008, ni en marzo, ni en febrero, ni cuando Lugo se convirtió en político.
Es decir, los obispos de la Iglesia Católica Apostólica Romana omitieron decir la verdad (pecado de omisión) al pueblo paraguayo sobre el candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio a la Presidencia de la República, Fernando Lugo, a pesar de la obligación canónica que les impone el Canon 386.
Los obispos le mintieron al pueblo, permitieron que el pueblo tomara una decisión sin todos los elementos que son necesarios para una tomar decisiones fundamentadas.
Ahora me dirá el obispo Ortiz que, en realidad, no violaron el octavo mandamiento desde que el texto bíblico no habla de no mentir sino de no levantar falso testimonio, pero esa discusión teológica tiene que hacerla con el Catecismo de la Iglesia del 11 de octubre de 1992 que agrega al Octavo Mandamiento la frase “ni mentirás”.
No lo digo yo, lo dijo Juan Pablo II.
Y además, aunque no lo ordenara el Mandamiento, el ya citado Canon 386 sí le ordena “investigar más profundamente la verdad”.
Los obispos de la Iglesia Católica no aprovecharon la magnífica oportunidad que les brindó el Novenario de la Virgen de Caacupé para pedir perdón a la Asamblea por su pecado de omisión.
Talvez porque creen que su comunicado del 5 de abril de 2009 (“Pedimos perdón por los pecados de los miembros de la Iglesia, tanto pastores como fieles”) puede cubrir la falencia.
Si es así, vuelven a mentir. Ese comunicado no habla del pecado de omisión que cometieron los obispos al ocultar al pueblo lo que sabían de Fernando Lugo. Ese comunicado habla solamente de las violaciones de Lugo, mientras era obispo, y de otros, de las estrictas normas de la moral sexual cristiana para los sacerdotes (que me adelanto a reiterar que creo de cumplimiento imposible).
Los obispos nunca se arrepintieron de haber ocultado la verdad, nunca discutieron en público por qué la ocultaron. Los creyentes no saben aún por qué mintieron sus pastores.
Talvez porque están presos de verdades sobre ellos que, a su vez, oculta Fernando Lugo. Si los obispos sabían sobre Lugo, parece posible que Lugo sepa cosas sobre los obispos.
Así que nadie puede asegurar que así como ocultaron aquella verdad, que salió a luz no porque ellos quisieron sino porque la descubrió Viviana Carrillo, así pueden estar ocultando otras verdades que también conocen sobre Fernando Lugo.
Sobre Fernando Lugo y Elvio Benítez, sobre Fernando Lugo y Eulalio Gómez, sobre Fernando Lugo y José Rodríguez, sobre Fernando Lugo y Marcial Congo.
Espero que en estos días, entre hoy y el 8 de diciembre, los obispos de la Iglesia aprovechen la presencia de los fieles en Caacupé para pedir perdón por sus mentiras y para decir la verdad.
Porque si no lo hacen, no será Lugo el único digno de un abucheo general, sino también ellos.
Amén.
Publicado el 17.12.09 09:33:00 AM
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