Reportaje: Luis María Duarte
La Constitución habla de que las elecciones deben producirse dentro de los cuatro meses posteriores a la expiración del gobierno, plazo que ya se había cumplido hacía bastante. Afortunadamente, para el proceso político del país, el gobierno provisorio generó las condiciones para que la Comisión Electoral elabore un calendario electoral altamente ambiciosos para todo lo que se proponía. Un eje fundamental era la depuración de un padrón electoral de más de 94 millones de electores. Mediante ayuda de la comunidad internacional y del propio ejército de Bangladesh, en poco más de un año se logró la confección de un padrón electoral, calificado en distintos ámbitos, como el mejor del mundo. Independientemente de que lo sea, llama la atención la posibilidad de llevar a cabo tal proceso, con tal cantidad de inscriptos y en las condiciones de pobreza en que se maneja el país (con menos de 3 millones y un PIB per cápita superior, nuestro país dista de tal condición). El nuevo padrón cuenta con algo más de 81 millones e incluye, entre otras cosas, la fotografía del votante.
En estas condiciones, y con un nuevo marco electoral (de publicidad y financiación de las campañas) se llevaron a cabo las elecciones, bastante llamativas por varios aspectos. A pesar de todos los problemas políticos, las crisis institucionales, la corrupción y la pobreza reinante en el país, el bangladeshí se siente orgulloso de su democracia (una de las mayores del mundo). Después de todo, el nacimiento mismo del país se dio por un tremendo ánimo democrático. Además, el factor juvenil es muy importante. 56% de los inscriptos para votar eran votantes por primera o segunda vez en su vida. Y esta gente demostró tener un alto concepto de la participación política y sus implicancias. El joven bangladeshí tiene altas expectativas y ambiciones. Después de todo vive en una región de gran despegue económico y cultural (India, Tailandia, Malasia, Singapur, China). Pero sobre todo confía en que la única manera de llegar a tal estadio es mediante la consolidación un régimen estable y participativo que, aún que primitivo, puede llegar a crecer si se lo mantiene y enriquece. De más está decir que la participación del 87% de los inscriptos (en un día en que el transporte corriente está prohibido) es una señal llamativa de esta situación.
En cuanto a los partidos, estos mantuvieron, a pesar de todo, su fuerza e influencia. Pero con algunas novedades. Por un lado, las dificultades atravesadas, por sus dirigentes, durante el tiempo que duró el “régimen de emergencia”, les habría influido en cuanto a la consecuencias de provocar un régimen caótico e inestable. Asimismo, las acusaciones de corrupción calaron hondo en la percepción de la gente, sobre todo la más joven; y si uno hace análisis de los distintos parlamentarios electos, se da cuenta que, en la mayoría de los casos, ganaron los candidatos más confiables y con mejor perfil público (muchos tradicionales hombres fuertes, al estilo de nuestros caudillejos de campaña, por ejemplo, quedaron afuera y en muchos casos por amplio margen de votos).
Ganó la Liga Awami, de Hassina Wajid, nueva primer ministra del país, desde principios de este mes. Su victoria fue tan grande que ni siquiera necesita de los otros 13 partidos de su alianza para mantenerse (230 de los 300 diputados actuales son de su partido). Ganó simplemente, porque, a pesar de varias excepciones, supo presentar mejores perfiles de candidatos para una población cada vez más exigente. Por su parte, Khaleda Zia, a pesar de ciertas críticas iniciales, terminó por aceptar los resultados y se puso a disposición de la nueva gobernante, como nueva líder de la oposición. Una actitud que de por sí ya hace historia en el proceso político nacional.
En síntesis, el pueblo de Bangladesh se encuentra en los umbrales de una nueva era. Con grandes desafíos como la superpoblación, la pobreza, el analfabetismo, etcétera, y con los mismos actores, que esta vez tienen una segunda oportunidad. Al parecer, y por algunas señales, existe una mayor conciencia con respecto a lo que significa mantener un régimen democrático estable, en donde la participación está asegurada con partidos que respondan a las expectativas de la gente. Todo dependerá de la madurez política de los principales protagonistas y de la actitud responsable y criteriosa de un pueblo que sabe elegir y no solo votar.
Publicado el 27.01.09 02:46:00 PM