Entrevista: Enrique Vargas Peña
- Mercosur nos puede llevar a la pérdida de identidad como entidad soberana, ¿qué se está haciendo para restablecer la igualdad de Paraguay con los demás socios?
- La trayectoria de Mercosur es conocida. Se sabe que en un principio el acuerdo fue solamente entre Brasil y Argentina y que para darle mayor forma y cuerpo a esa entidad se pensó, posteriormente, en Uruguay y Paraguay.
Incluso, el Tratado de Asunción se firmó en el momento en que nosotros recién salíamos de un proceso muy largo y hubo mucha reticencia de parte de algunas autoridades paraguayas, ya en aquel momento, a la incorporación a Mercosur.
Yo diría que cuando lo hicimos, de alguna forma ya fue en inferioridad de condiciones y que hemos ido tratando de corregir, en el decurso del tiempo, esa situación, tanto Uruguay como nosotros, pero Uruguay no tanto, por su posición geográfica, así de simple.
Con el paso del tiempo se fue tomando conciencia de que realmente había que pensar en serio en esa integración, tanto de parte nuestra como de parte de nuestros asociados, porque hay factores importantes: Se concluye que es muy difícil hoy, en un mundo donde funcionan los bloques, y bloques poderosos y gigantescos, es muy difícil tener una participación equitativa en los diversos temas que tienen relación con el comercio internacional principalmente, con una voz aislada.
Por lo tanto, en lo que atañe a Paraguay específicamente, se concluyó que es inexorable nuestra participación, como punto de partida y, yo diría para más adelante, una integración, real, formal y seria de los países que hoy forman Mercosur.
La integración no se remite a un tema arancelario. Algunos sostienen que la verdadera integración está en las fronteras, por ejemplo. Gente de acá, gente de aquel lado. Está la integración de los grupos humanos que cada uno de nuestros países tiene en los otros países y está en la necesidad de una historia común, que la hay, con todas las divergencias del caso, pero hay una historia general común que nos obliga en ese sentido y, sobre todo, hay una esperanza común.
Por tanto, lo que tenemos que hacer es redoblar el esfuerzo por superar las asimetrías. Tenemos dificultades en las negociaciones, por ejemplo esto de las dobles tarifas, que tenemos que pelear duramente para explicar a nuestros asociados lo importante que es para nosotros conservar, al menos que entiendan nuestra posición, sobre ese tema en particular, teniendo en cuenta que nuestra dependencia de las tarifas aduaneras es alta, está en diecisiete por ciento, mientras que las de ellos, en general, no pasan del tres o cuatro por ciento, lo que es explicable porque ellos tienen puertos marítimos y nosotros no.
- Pero el dictador Francia y los autores de la Independencia, ante el proceso de integración en marcha en aquel momento, no aceptaron que fuera inexorable, sino condicionado a que se respete la igualdad de Paraguay.
- No, pero eso desde luego es indiscutible. Es indiscutible. El trato igualitario que contemple absolutamente todos nuestros derechos y nuestra soberanía. Por eso es que estoy diciendo que hay muchas cosas que tenemos que discutir. Pero, qué ocurrió entonces (en 1811) y qué sucede ahora. Allá predominó, lamentablemente, la idea del Estado-Nación y en ese contexto se frustró entonces la posibilidad, al menos para los países del Sur, de permanecer unidos bajo una administración que era en ese momento el Virreinato del Río de la Plata.
¿Por qué no primó eso? Mucho por error de los mismos protagonistas de la Junta de Buenos Aires que impusieron algunas ideas que ellos tenían para hacer la Confederación Argentina. Las batallas de Tacuary y Paraguarí y, especialmente, la conversación de Belgrano con nuestros próceres posteriormente dejó el nacimiento de una idea, de una ideología liberal, pero ellos no tuvieron la capacidad de poder convencerlo de la conveniencia de desarrollar un mecanismo unido, precisamente por problemas económicos.
Y ese es el tipo de problema que fue exacerbando nuestro espíritu contra la política comercial de Buenos Aires, del puerto de Buenos Aires contra nosotros en lo referido al comercio, cosa que hizo Buenos Aires con las demás provincias (del entonces Virreinato), centralizó su política comercial y creció a expensas de esas provincias y de los países vecinos.
Entonces, la miopía de algunos de los sectores dirigentes de Buenos Aires impidió que el espíritu unitario, el espíritu de pertenencia a aquella unidad administrativa pudiera primar sobre el concepto del Estado-Nación.
¿Y qué fue el Estado-Nación? La competencia que todos tuvimos entre todos durante ciento cincuenta años, donde cada uno hizo un camino individual, líneas aéreas y sistemas de transporte individuales, con un costo operativo grande, mercados pequeños que también tienen un costo operativo grande, nuestras guerras, nuestras disputas territoriales, que exacerbaron la pertenencia solamente a un Estado en lugar de un conjunto de Estados.
Creo que la evolución que vino posteriormente, o sea la evolución del mundo mismo, estamos hablando de los grandes grupos que se van formando, generan la necesidad de revisar esas situaciones, y ciento cincuenta años después estamos por lo menos volviendo a hablar de la posibilidad de una integración, que primero puede ser arancelaria, pero luego puede ser total, y tenemos el antecedente inmediato de la Unión Europea.
- ¿Pero acaso el gobierno de Brasilia no está actuando ahora como antes actuaba el puerto de Buenos Aires?
- Se corre el riesgo, pero estamos alertados y esa es la diferencia. Tenemos que negociar y hacerlo en pie de igualdad y lo vamos a hacer sin ceder en nuestras posiciones. Para Brasil, Mercosur no es lo mismo que para Paraguay. Por qué no empezamos, entonces, con un análisis del mercado de cada uno de nuestros países y de la posibilidad de producción de cada uno de nuestros países.
Dentro del concepto de Estado-Nación hubo una competencia entre nosotros, industrias en Brasil, industrias en Argentina, servicios en Uruguay y cada uno por su lado, sin sentarnos nunca a concertar ese esfuerzo para ver qué puede hacer mejor cada uno de nosotros en beneficio de los demás. No tiene sentido que compitamos en la producción de tomates con Argentina, en la producción de cemento con Venezuela, en la de soja con Brasil, cuando que lo lógico hubiera sido decir, bueno, ustedes producen muy buenos tomates, este mercado está asegurado para eso, si ustedes no pueden abastecer este mercado, bueno, ahí entramos con otros tomates. Pero este es un mercado seguro, trabajen ese mercado. Quién dijo que los países se desarrollan solamente si desarrollan industria pesada. La industria pesada no es necesaria en todas partes, sino que se puede lograr mediante un montón de otras cosas, agricultura, comercio, servicios. Pero nunca se hizo eso.
La Alac, la Aladi, fracasaron porque no pudieron coordinar los aranceles de cada uno de los países. Venían a solicitar cada uno tarifas especiales para sus industrias y al final no se pudo alcanzar ningún objetivo porque no se encaró con la visión que requerían.
Creo que fracasaron y tal vez no conviene que lo diga un canciller, pero fracasaron y no tenemos que caer en ese tipo de errores, y creo que no lo vamos a hacer.
Ahora, decimos que Mercosur no es lo mismo para Brasil que para Paraguay, desde ningún punto de vista. Brasil es un actor global, con Mercosur y sin Mercosur. Puede ser que Mercosur haya servido para el despegue. Es posible que se pasen sin Mercosur, sin Paraguay y Uruguay, es posible. Pero para la misma trayectoria de la política internacional brasileña no es conveniente. Y no queda más alternativa que compartir con los socios menores.
En el caso de Europa, por ejemplo, los países poderosos de Europa, Alemania y Francia, ayudaron económicamente a los países de menor desarrollo, el caso de España mismo.
El Mercosur bien entendido tendría que considerar todas estas probabilidades. Yo escuché muchas veces a las autoridades brasileñas decir que ellos no quieren socios menores empobrecidos y con problemas de desarrollo en sus fronteras. A todos nos sirve el desarrollo, porque muchos problemas sociales que surgen con el no desarrollo van a desaparecer.
- ¿Pero Brasil tiene verdaderamente esa voluntad? ¿Y qué de la ley de sacoleiros, la ley de neumáticos?
- Ellos ofrecen préstamos en los que se vuelve a los malos hábitos de las multinacionales. Queremos que ustedes hagan la línea de transmisión (de Itaipú), pero aquí están las empresas brasileñas con las que deben trabajar. Les damos tanto para desarrollar las rutas, aquí están las compañías brasileñas casualmente, es decir, son préstamos atados.
Ahora bien, de nosotros depende manejar esas condiciones. Porque podemos ir un poco más allá y pedir que los de más allá nos ayuden económicamente y nosotros logremos los niveles de desarrollo de nuestras comunicaciones. No tenemos por qué caer en eso. Indudablemente.
Y ahí es que yo creo que en gran medida depende de nuestra capacidad de negociación. Creo que nosotros, los chicos, somos los países clave.
- ¿Ellos necesitan de nosotros para Mercosur más que nosotros de ellos?
- Ellos no pueden prescindir de nosotros. Ahí está nuestra posición. Nosotros tenemos que hacer valer eso. Y ojalá que con el nuevo gobierno logremos hacerlo.
Claro que sí. Nada se hace fuera de ese marco. Ahora estoy recibiendo del Presidente (Lugo) las últimas instrucciones para la negociación de Itaipú y vamos a presentar nuestras opciones.
Pero confrontación (con Brasil) no hay. Hay sectores poderosos de Brasil que quieren instalar ese clima, pero no lo hay. Ellos cometen errores, pero enseguida adelantan el pedido de disculpas. En consecuencia, lo que estamos haciendo es tratar de crear el clima adecuado para negociar todos los asuntos entre ambos países, las bilaterales y las de Mercosur.
El tema de Itaipú y el de los brasiguayos son temas que tendremos que solucionar. Es un problema que se nos vino, heredado. Estaba instalado como consecuencia de cosas mal hechas de anteriores gobiernos. No quiero ahondar en eso. Es un problema social que a ellos les preocupa y nosotros tenemos que buscar la manera de encontrar una salida justa a ese problema.
Y el tema de Itaipú es negociación, no hay alternativas. Todo lo que se dice y se deja de decir para mí son especulaciones. Negociaciones. Se instala la mesa y ahí es donde nosotros podemos plantear todo lo que queremos. Son negociaciones difíciles y nosotros contamos, yo diría, con la buena voluntad del Gobierno brasileño. Yo he percibido el sincero deseo de las autoridades brasileñas de desbloquear las cosas. Consecuentemente, creo que estamos en un momento histórico favorable para que podamos avanzar en muchos de los temas que tenemos con ellos.
Los brasiguayos es un tema preocupante y ellos agradecen el esfuerzo que estamos haciendo. Y nos estimulan a que continuemos en ese esfuerzo. Pero para haber llegado a eso, hay muchas cosas que están avanzando.
Por ejemplo el tema del segundo puente, creo que para el segundo semestre de este año ya estaremos en los prolegómenos del puente, que va a ser algo realmente importante.
Y algunas otras cosas, el puente en Murtinho, que estamos trabajando sin renunciar en nada a nuestras posiciones principistas sobre los otros temas.
- ¿Por qué estamos depositando nuestras esperanzas en una sola persona, en Lula, en lugar de trabajar políticas de Estado?
- No es poca cosa eso.
- ¿Cómo se equilibra el poder brasileño? ¿Con Venezuela?
- Venezuela nunca suplantará a Brasil. Ni siquiera Estados Unidos. Tenemos una enorme frontera con Brasil que tiene mucho que ver con el relacionamiento, es un trasiego humano que nos obliga a buscar modos de convivencia armónica, lo más armónicas posibles con un gran vecino, con quien siempre es difícil.
Es un gran vecino.
Entonces, no se busca un equilibrio en Venezuela directamente con nosotros. Pero sí dentro de Mercosur. Porque permanentemente estamos lidiando con problemas Uruguay y Paraguay.
Uruguay amenaza con salir de Mercosur, con un tratado de libre comercio (con EEUU), pero la presencia de un quinto socio importante en el seno de Mercosur. Las posiciones que pueda tomar Venezuela.
Uruguay tiene una ventaja. Tiene el mar. Nosotros no. Si quieren estrangularnos, nos estrangulan. Con que pongan dificultades aduaneras, entre que logramos que nos atiendan en Ginebra, pasó un año y perdemos nuestra cosecha.
Nosotros no podemos actuar con la misma libertad con que actúa Uruguay. El grueso de nuestro comercio está en Brasil. ¿Podemos prescindir de eso? Razonablemente, no.
Pero acá, internacionalmente, nada se ha modificado. Venezuela va a ser un país que mira un poco más hacia el sur, del mismo modo en que México mira un poco más hacia el sur y eso a nosotros nos parece muy bien, porque ellos (México) estuvieron mucho tiempo como obnubilados por Estados Unidos, pero ahora por lo menos están mirando al sur y es una manera distinta.
Estamos acercándonos de alguna manera. Y si nosotros sabemos usar esa presencia y la asistencia, sin renunciar en un ápice a nuestra soberanía, a nuestras condiciones, creo que tenemos que hacerlo.
Tenemos que empezar a mirar seriamente las cosas. ¿Por qué no empezamos a mirar a Bolivia de una manera diferente? Nosotros (los paraguayos) miramos a Bolivia casi de mala manera, que van a invadirnos, que quieren llegar al río Paraguay y eso no favorece a la integración.
Publicado el 02.02.09 07:19:00 PM
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