Hace 173 años, en 1844, cuando don Carlos Antonio López asumía como primer presidente constitucional del Paraguay, el Congreso sancionaba una ley que autorizaba al Poder Ejecutivo a cos­tear los estudios a los seis primeros becarios para­guayos para estudiar en el exterior: dos para hacer Química y Farmacia, dos para aprender Dibujo y dos para estudiar Leyes y Derecho. La práctica de mandar becados al exterior a jóvenes paraguayos prosiguió durante todo su gobierno y se recuerda especialmente el grupo de 18 becarios que don Carlos mandó a estudiar a Europa en 1858, entre quienes destacan algunos estudiantes que luego fueron figuras notables, como Juan Crisóstomo Centurión, Saturio Ríos, Cándido Bareiro, entre otros.

Enviar estudiantes a otros países obedecía a la idea que tenía el presidente López de que solo así los jóvenes de su época se podrían especializar en algunas de las profesiones que necesitaba el país para encarar el progreso material y el desarro­llo democrático en que se hallaba empeñado el Gobierno. Como el tiempo urgía para superar el atraso, emprendió con todo rigor el envío de estu­diantes al exterior. Porque, como decía en 1841, cuando era cónsul, "los instrumentos de la ilustra­ción (están) en completa ruina" en nuestro país.

La evocación de esta tarea fundacional del primer presidente paraguayo viene a cuento del aconte­cimiento que protagoniza el Gobierno actual con notable éxito al mandar al exterior a más de un millar de profesionales para hacer sus especiali­zaciones en los últimos tres años. Una acción de la administración actual que de ese modo ha resu­citado felizmente la sabia política educacional de uno de los prohombres del Paraguay, hace más de 170 años.

El Programa de Becas "Don Carlos Antonio López" (Becal) instituido por este Gobierno, desde su primera convocatoria en setiembre del 2015, ya ha enviado a 1.018 personas a 27 países del mundo, para que los becados hagan maestrías y posgrados en las universidades más renombradas de Europa y América.

El envío de más de un millar de personas a tantos países en poco tiempo representa una inversión que supera los 55 millones de dólares, y, según dichos de la ministra de Hacienda: "Es una de las mejores inversiones de esta administración de gobierno", y que es una política de Estado con demasiados motivos para continuar. Porque, ban­derías aparte, "el país demanda y requiere de una apuesta decidida para transitar hacia una econo­mía del conocimiento".

Gracias a la iniciativa del Gobierno, en poco más de dos años la cantidad de becarios paraguayos en el exterior ha ido creciendo rápidamente para estudiantes de 16 departamentos del país que, al volver, se dedicarán a aplicar sus conocimien­tos para mejorar la situación de su comunidad. Es idea del Ejecutivo continuar con esta importante iniciativa para beneficiar cada vez a mayor canti­dad de personas.

Debido al gran éxito obtenido ahora por el Gobierno al promover el estudio de los profesiona­les en el exterior para mejorar su formación, ya se está pensando en los mecanismos de ampliación y continuidad. El propio presidente de la Repú­blica, en un mensaje de Twitter, el lunes último, ha manifestado que por encima de los 1.018 estudian­tes que se ha conseguido enviar al exterior hasta ahora, quiere llegar a un total de 1.500 becarios para agosto del 2018 como meta de Gobierno.

Seguir invirtiendo en la formación de nuestra gente para mejorar el conocimiento y hacer más capaces a los profesionales paraguayos que por sus medios no podrían costearse una especiali­zación fuera del país es una medida muy acer­tada. La apuesta que se ha hecho desde el 2015 para enviar becarios al extranjero a cuenta del Estado ha sido una de las iniciativas estatales más plausibles en materia educativa de las últi­mas décadas. No solo no debe perder continui­dad, sino que tendría que mantenerse e incre­mentarse para bien del país.

Hay que convencerse de que gastar dinero en la educación, formación y especialización de nues­tra gente es una inversión tanto o más importante que construir obras de infraestructura, porque ayuda a mejorar la capacidad del capital humano, que es el principal recurso de nuestro país.