Los presidentes de Paraguay, Hora­cio Cartes; de Argentina, Mauricio Macri; y de Uruguay, Tabaré Váz­quez acordaron ayer encaminar juntos todas las acciones conducentes a la localización, en estos países, del Mundial de Fútbol 2030.

Se trata de un acontecimiento de singular importancia porque de inmediato activa dos teclas que son fundamentales como motiva­ción de una sociedad: el sentido de la unidad en pos de un objetivo y la construcción de un plan para capitalizar tal evento en el perfil de su aprovechamiento económico y social.

Toda la comunidad nacional está expectante a partir de ahora sobre una buena resolución en favor de la sede regional, para lo cual resta aún un tiempo. De cualquier manera hoy ya es valorable y plausible la reunión de volun­tades de los tres presidentes para dejar cons­tancia del interés de nuestros países por ser sede de tan crucial acontecimiento depor­tivo, atribuible a la enorme popularidad del fútbol en todo el universo.

Paraguay deberá adecuar su infraestruc­tura no solo deportiva sino también de otros rubros como rutas, hoteles, restaurantes, sitios turísticos en general y de esparci­miento porque dependiendo de las sedes que se localicen en nuestro país empezarán a lle­gar hasta aquí miles de aficionados interesa­dos en ver el desempeño de sus selecciones pero, al mismo tiempo, de conocer un país tan cargado de bellezas y tradiciones como el nuestro.

Aunque caigan bajo el peso de su propia "mala leche" no faltarán medios y perso­nas que se opongan al evento sin argumento alguno, motivados solamente por el cani­balismo político que es lo que los moviliza, motiva y constituye ya a esta altura casi su razón de ser.

Fundamentalmente debe servirnos para escoger modelos de gestión que se basan en obras concretas y promesas de mejor futuro vinculadas a proyectos tangibles, dejando a un lado los discursos incendiarios, las actitudes incendiarias y la política del molotov y la violencia que como comunidad nacional no nos conduce a ningún lugar.

Estos profetas de "la mala onda" son los que ratifican la validez de lo que se emprende; con tanta obstinación que el día que aplau­dan un emprendimiento quedarán dudas sobre su verdadera utilidad.

Pero con el anuncio de solicitud de Paraguay como sede del Mundial 2030, con Argentina y Uruguay, no acaban las buenas nuevas. A ello debe sumarse que en la primera semana de diciembre de este año deberá definirse si los Juegos Olímpicos Odesur (las olimpiadas de Sudamérica) se disputarán en el Paraguay que se ofrece como sede para su próxima edi­ción.

Si ello tiene una resolución positiva (faltan pocas semanas) tendremos una década de enormes compromisos internacionales del Paraguay lo que –realmente– nos hará mirar el futuro inmediato con mucho optimismo en materia de turismo, infraestructura, hotelería, gastronomía y todos los rubros relacionados con estos enormes eventos deportivos que mueven multitudes.

Por de pronto, los tres presidentes reuni­dos ayer en Buenos Aires nos recordaron que el pesimismo se resuelve con determi­nación, vocación triunfadora y esperanza. Una buena lección de actitud para diver­sas acciones en las que aun como socie­dad nos falta comprometernos con mayor solvencia.

Fundamentalmente debe servirnos para escoger modelos de gestión que se basan en obras concretas y promesas de mejor futuro vinculadas a proyectos tangibles, dejando a un lado los discursos incendiarios, las actitu­des incendiarias y la política del molotov y la violencia que como comunidad nacional no nos conduce a ningún lugar.