Ayer, 29 de setiembre, día en que se conmemora una de las victorias más brillantes en la historia bélica de nuestro país: la Batalla de Boquerón. Precisamente ayer, nuestro diario se hacía eco de un hecho que aunque pareciera meramente descriptivo es un hecho relevante.

El Cuartel de la Victoria, allí donde nuestros beneméritos ex combatientes de la contienda chaqueña habi­taron hoy se encuentra sin ninguno de sus ilus­tres inquilinos. El pasado 26 de julio falleció el último soldado, Andrés Benítez, a la edad de 104 años. Ya no queda nadie de aquellos que fueron testigos de aquella epopeya en defensa de nues­tra heredad nacional.

Es un hecho relevante puesto que la Batalla de Boquerón, que se produjo hace 85 años, tiene un enorme significado en la historia del Para­guay ya que representó un cambio de rumbo decisivo en la contienda contra Bolivia, por la posesión del Chaco boreal. Pero sobre todo Boquerón supuso una verdadera transforma­ción espiritual para los paraguayos, una sacu­dida moral que devolvió la autoestima y la con­fianza en sus propias fuerzas a todo un pueblo.

Hasta aquella fecha reinaba en el país un arrai­gado pesimismo acerca de las posibilidades rea­les de expulsar al invasor y proteger la integri­dad territorial de la república. El manejo de la situación pre bélica por parte de las autoridades era objeto de fuertes críticas de prácticamente todos los sectores.

El gobierno y la conducción militar eran vistos como pusilánimes, improvisados, sumidos en el desconcierto ante la permanente penetración boliviana. Existía la creencia de que el Paraguay no estaba preparado en absoluto para enfrentar y, especialmente, derrotar al ejército boliviano del cual, además, se tenía una impresión sobre­valorada.

En la última guerra internacional -en la que combatió contra la Triple Alianza- el Para­guay había sido aniquilado y no conocía de una victoria militar desde 1867. Mucho más que la recuperación de un fortín estaba pues en juego en Boquerón. Considerando el contexto polí­tico y los ánimos encendidos de ese tiempo es probable que la dirigencia política y militar no hubiera soportado una derrota en aquella bata­lla. Casi con certeza los conductores -los mis­mos que habrían de llevar al Paraguay al triunfo definitivo años más tarde- se verían obligados incluso a ceder sus cargos.

Las consecuencias políticas de una derrota en Boquerón hubieran sido imprevisibles y el país no tendría la capacidad de afrontar con la indis­pensable unidad el desafío de salvar el patrimo­nio nacional. Boquerón no es importante por su valor militar intrínseco sino porque demostró a los paraguayos y paraguayas que sí eran capaces, que con inteligencia y esfuerzo se podrían alcan­zar los objetivos.

Las consecuencias políticas de una derrota en Boquerón hubieran sido imprevisibles y el país no tendría la capacidad de afrontar con la indispensable unidad el desafío de salvar el patrimonio nacional.

A partir de entonces, asimilada la experiencia de un cerco que duró veinte días, las fuerzas armadas paraguayas aplicaron nue­vas tácticas y consiguieron, con el transcurso del tiempo, imponerse al adversario y recuperar la mayor parte del territorio chaqueño.

La enseñanza de Boquerón no debe olvidarse. Se trata de una lección aprendida en tiempos de guerra pero que vale también para la paz. Su mensaje a través de las décadas sigue brillando: a través de la unidad, la perseverancia, el coraje y la planificación adecuada, el Paraguay será el dueño absoluto de su destino.

El Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) se encuentra enfocado hoy en varios temas y frentes que son prioritarios, pero es menester que asegure también que en las escuelas y cole­gios de la república se recuerde y debata intensa y apropiadamente este hito de la historia para­guaya. Es fundamental abandonar los actos rutinarios y aburridos que acaban alejando a los niños y jóvenes de nuestra historia.

Es crucial repensar las estrategias pedagógi­cas en este sentido, a fin de despertar el interés y el entusiasmo por los hechos de nuestro rico pasado. Lo que el Paraguay aprendió en Boque­rón -a costa de sangre y dolor- es una página muy importante que debe ser permanente­mente recreada y analizada en aulas y clases.