El impase producido por el veto presidencial al generoso "vito" aprobado por el Congreso a favor, en principio y fundamentalmente, de un grupo de "campesinos", bajo la batuta de unos cuantos dirigentes reconocidos, investigados y enjuiciados, más por haber dilapidado plata destinada a los campesinos que por haber colaborado con ellos, creó un cierto desconcierto entre los aliados protestadores y sus benefactores políticos, que dejó al descubierto con claridad meridiana el funcionamiento del populismo, tal cual lo describen analistas y politólogos, sobre todo al producirse la decepción de los que tenían que ser beneficiarios de la repartija y empezaron a aparecer los hechos reales detrás de los discursos idílicos.

La lista de los protestantes, sus deudas y deudores y, sobre todo, la causa de las deudas que permanecía oculta, empezó a vislumbrarse a través de las propias declaraciones de los reclamantes. Algunos reconocieron que las deudas tenían poco o nada que ver con la producción agraria a pequeña escala, casi tan poco como sus dirigentes. No quedó más remedio a los promotores del "vito" con el dinero público que, en vez de sincerarse y replantearlo, lo ampliaran, generando una situación de riesgo para la economía nacional, es decir, para el país y para la mayoría de sus habitantes, incluidos grupos mayoritarios de campesinos que mostraron su desacuerdo con el enjuague.

La generosa donación y las voces de descontento surgidas en gran parte de la sociedad paraguaya, de todos los sectores, oficios, clases, ideologías y filiación partidaria, desembocó en la decisión del Presidente de vetar el monumental "vito".
A continuación, en el mismo Congreso empezaron las dudas, dadas las críticas de la sociedad contra la clase política de hacer la repartija en plena campaña electoral y empezaron a flaquear los votos; y casi de inmediato empezaron a surgir los reclamos de los marchantes por el centro de Asunción, denunciando que habían sido traídos con la promesa del premio económico, dando nombres y apellidos de dirigentes políticos que, desde luego, ya eran conocidos por haber estado azuzando y financiando esta aventura protestataria, como otras, para generar el descontento y el conflicto, para pescar en río revuelto. Ya se sabe que en sociedad revuelta, ganancia de politiqueros.

Se evidenció en la práctica y a la luz pública la estrategia del populismo, que no plantea planes de gobierno, sino situaciones de desgobierno; que no hace propuestas para mejorar las vigentes, sino que se apoya en el descontento, en azuzarlo y, si fuera posible, "tragedializarlo", convertir los conflictos minúsculos en mayúsculos y, si fuera posible, en actos de violencia, en tragedia y, en el sumun de su estrategia, en "hacer correr ríos de sangre".

El veto presidencial no solo sirvió para tranquilizar a la sociedad, sino también para desenmascarar estos operativos políticos de electoralismo salvaje, la falsedad de ciertas marchas, el cinismo de muchos políticos y la irresponsabilidad de muchos legisladores, casi todos en este caso, pues ante la evidencia de que el golpe del "vito" refrescante a ciertos sectores de la sociedad podía capitalizar votos de "campesinos" o, por lo menos, operadores políticos más abundantes en la marcha de los "aguayos" que los agricultores.

La frase clave del discurso presidencial, "dejar de lado el interés político personal, en aras del interés nacional", ha sido y debe ser una bandera en esta coyuntura, y de aquí en adelante, ya que se ha desencadenado una reacción ciudadana y se ha saldado con una derrota del populismo que, sin duda, es coyuntural, ya que gran parte de la historia política nacional, acentuada con las dictaduras –y ¡cuántos aprendices de dictadores aparecen en estas lides utilizando todas las mañas prebendarías del estronismo, que tenía sus momentos de gloria con las manifestaciones públicas multitudinarias de arreados con discursos rimbombantes populistas, guaripola y vaka'i, prebendas y limosnas, en vez de afrontar las causas reales de la pobreza que no se pueden solucionar con discursos y condonaciones–. El objetivo, desde luego, no es superarlas, pues la clave del populismo está en mantener las desigualdades y el descontento para paliarlo haciendo "vito" de vez en cuando, para mantener la dependencia de los sectores carenciados.Es decir, la historia no termina aquí, sino que va a continuar y es de esperar que la sociedad paraguaya responda con la madurez de esta coyuntura.

La derrota del populismo radica en que esta vez les salió el tiro por la culata, por ahora, ya que buscarán desesperadamente rechazar el veto y seguir con la repartija preelectoral.
Pero, sobre todo, porque no lograron en las últimas intentonas que corrieran ríos de plata dulce a costa del país, ni corrieran ríos de sangre.