A Cerro Porteño le costó al comienzo y tuvo que sufrir mucho para encontrar una base que aprendió a jugar casi de memoria. Hubo una base fundamental, que sirvió de pilar, para la construcción de un once constante, que solamente variaba a causa de lesiones y suspensiones.

Antony Silva fue el primer pilar fundamental en el que se sostuvo el Ciclón. El portero de la selección paraguaya no era tanto del agrado del público al comienzo del torneo, pero con estupendas actuaciones, borró las dudas de la gente y con autoridad es el “1” indiscutible del equipo de Leonel Álvarez.

El sostén de la defensa fue Marcos Cáceres, un hombre criticado, pero que siempre ha mantenido una regularidad. Fue fundamental para salvar a Pallas, en espacios grandes. Con perfil bajo, pero gran rendimiento, el zaguero disputó 20 partidos, solamente se perdió de un cotejo y convirtió tres goles.

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En el medio, el “doble seis” fue el motor del equipo de Álvarez. Rodrigo Rojas pasó por un bajón en algún momento, pero se recuperó a tiempo y es el que traslada y apoya en ataque constamente. Su dupla, Juan Aguilar se enfocó en el trabajo más táctico y que menos luce. Los relevos, las primeras salidas y los cortes estuvieron a cargo del volante de 28 años, al que no le pesó la camiseta del Ciclón.

La columna vertebral del campeón. Infografía: Rodrigo Pujol.

Aunque le costó asomar al inicio, lo de Diego Churín ha sido excepcional. El delantero argentino apareció en su real dimensión y fue determinante para salvar a Cerro en varios partidos. Su capacidad goleador y su excelente trabajo en equipo, lo hacen indiscutible. Terminó con 11 goles en 16 partidos.

Otros destacados que aparecieron en la parte final, fueron Óscar Ruiz, Raúl Caćeres y el juvenil Santiago Arzamendia.


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