• POR ANDREW ROSS SORKIN

Parece una causa noble: el fin de semana, Eric T. Schneiderman, procurador general de Nueva York, impuso una demanda en contra de The Weinstein Company por el ambiente "tóxico" que había creado, el cual permitió que su cofundador Harvey Weinstein acosara y abusara de decenas de mujeres.

Sin embargo, ¿es una causa sensata?

Schneiderman mencionó todos los puntos correctos relacionados con la indemnización de las víctimas, la protección de los empleados actuales y la garantía de "que ni los perpetradores ni los facilitadores se enriquecerán injustamente".

Además, la demanda llegó en el momento perfecto para lograr un impacto máximo: el domingo, tan solo unas horas antes de que la empresa fuera vendida a un grupo de inversionistas que encabezaba Maria Contreras-Sweet, quien señaló que planeaba apartar al menos 50 millones de dólares en un fondo para las víctimas y empezar un nuevo estudio cinematográfico dirigido por mujeres.

Si la meta de Schneiderman era invalidar el acuerdo y llegar a los titulares de los periódicos, tuvo éxito. La venta de la empresa se detuvo rápidamente.

No obstante, si el objetivo de Schneiderman era ayudar a las víctimas de Weinstein, tal vez haya afectado sus posibilidades. Si no se realiza la transacción, podría ser que The Weinstein Company tenga que solicitar la protección por bancarrota.

En esta situación financiera, las víctimas no quedarían en primer plano. Sería totalmente lo contrario: las víctimas recibirían el trato de un acreedor sin garantía, es decir, lo más seguro es que no haya fondos para ellas, sin importar qué tanto puedan demostrar el abuso y la conducta ilícita en una corte.

En este momento, es más probable que a las víctimas les cueste más, y no menos, recibir una indemnización por haber soportado años de acoso y abuso.

"Pregunta número uno: ¿hay suficiente dinero?", cuestionó Kenneth Feinberg, el abogado que administró los fondos para las víctimas de los ataques terroristas del 11 de setiembre, el derrame petrolero de BP y la falla en el interruptor de encendido de General Motors. Me comentó que es el asunto más importante cuando se intenta compensar a las víctimas.

Feinberg mencionó que proteger el valor de una empresa en crisis es fundamental para respaldar el costo que involucra el pago a las víctimas. "Estos fondos solo se crean cuando hay dinero suficiente para evitar todo el pleito", explicó.

En cada uno de los grandes fondos para víctimas que ha administrado Feinberg, estos contaban con el respaldo de empresas de tamaño considerable o, en el caso de las víctimas del 11 de setiembre, de los contribuyentes de EEUU.

Gloria Allred, la abogada de California que representa a un grupo de víctimas de Weinstein, comunicó la postura de Feinberg. Allred estaba a favor de la venta a Contreras-Sweet y, de hecho, la asesoró para que de manera voluntaria creara un fondo destinado a las víctimas.

Allred comentó que estaba furiosa con Schneiderman.

"El único camino correcto para ayudar en verdad a las víctimas, muchas de las cuales represento, es permitir que continúe este acuerdo", escribió en un correo electrónico. "He trabajado con el equipo de María y están comprometidos al 100% con la ayuda a las víctimas. Por esta razón respaldo el acuerdo completamente".

Allred agregó: "Si se permite que The Weinstein Company se declare en bancarrota, lo cual podría suceder debido a la demanda del procurador general, mucho me temo que no queden fondos para las víctimas".

Allred sabe que, si se llevara a cabo la venta, la empresa recibiría financiamiento de un grupo de inversionistas entre los cuales se encuentra Ron Burkle, un inversionista multimillonario y filántropo. Además, si Allred decidiera demandar a la empresa, sus clientes tendrían más oportunidades de recibir un pago, a diferencia del caso en que la empresa sea independiente (Allred se llevaría una tajada considerable –lo más común es una tercera parte de las ganancias–, así que también tiene un incentivo personal para lograr su objetivo).

El lunes, durante una conferencia de prensa que se transmitió por Youtube, Schneiderman dejó claro que tenía la intención de echar a pique el acuerdo. Señaló que le desagradaba la idea de que The Weinstein Company mantuviera la mayor parte del mismo equipo gerencial –dirigido por hombres, no mujeres– y que quería un "vigilante independiente" para el fondo de las víctimas.

El 8 de noviembre, en la carta en que hizo la oferta original al consejo administrativo de The Weinstein Company, Contreras-Sweet describió específicamente "un fondo para el litigio" que según ella "tendría como objetivo compensar a las víctimas que no califican para acuerdos con seguros, pero de todas formas merecen una indemnización".

Sin embargo, Schneiderman mencionó que no consideraba que este fuera un fondo para víctimas porque podría usarse en costos del litigio.

En este caso, si el fondo para las víctimas está financiado de manera apropiada o no, es casi irrelevante: sigue siendo mejor que las víctimas tengan la oportunidad de demandar a una empresa bien capitalizada que una en bancarrota.

Después de que contacté a la oficina de Schneiderman y mencioné estos asuntos, surgió otra explicación.

"El acuerdo que revisamos le habría quitado en esencia todos los activos productivos a The Weinstein Company, habría hecho que la empresa pagara millones de dólares en deudas y habría obligado a las víctimas a llevar su reclamo al cascarón de una empresa en ruinas a prueba de juicios", comentó una vocera de Schneiderman. "Esa estructura solo habría garantizado que las víctimas no obtuvieran prácticamente nada: ese resultado es inaceptable para cualquiera que crea que las víctimas del acoso y el abuso de Harvey Weinstein merecen una indemnización".

No quiero decir que Schneiderman no hubiera presentado los resultados de su investigación. Tampoco que retirara la demanda en contra de The Weinstein Company.

Pero una venta no excluía una demanda, y es probable que Schneiderman hubiera tenido más ventajas después de la venta que antes de esta. Podría haber trabajado tras bambalinas con el comprador, mientras aplazaba la amenaza de una demanda (Schneiderman asegura que el comprador se rehusó a hablar con él, aunque del otro lado parecieran negar lo anterior).

En cambio, demandó a la empresa a sabiendas de que dificultaría el cierre de la transacción.

Por supuesto que siempre hay una oportunidad de que se restablezca el acuerdo y tal vez Schneiderman podrá cantar victoria y decir que todo fue parte de una negociación.

No obstante, el lunes, cuando Schneiderman sostuvo su conferencia de prensa, habló frente a un atril que tenía escritas las palabras "Justicia para las víctimas". Aún falta por ver si no dificultó más la llegada de esta justicia.