Jonathan Soble

TOKIO

Toshiba, el gigantesco conglomerado japonés, negoció parte de su tamaño por seguridad financiera al vender la mayor parte de su rentable negocio de microchips.

No era la forma en que la compañía, que desde hace mucho tiempo ha estado acusada de estar sobredimensionada y sin dirección, había esperado aligerar su situación.

Toshiba dijo que había firmado un acuerdo para vender el 60% de la unidad de microchips, Toshiba Memory Corporation, a un grupo de inversores internacionales que incluye Bain Capital y Apple. El acuerdo, que siguió a meses de tumultuosas negociaciones, dejará en manos de Toshiba unos 14.000 millones de dólares.

Toshiba ha apostado su futuro en esta venta. Los ingresos destinados a ayudar a reparar los daños financieros de una incursión desastrosa en la energía nuclear en los Estados Unidos. El episodio amenazó con la quiebra de la compañía, una de las más grandes y orgullosas de Japón.

Toshiba remonta sus raíces a la década de 1870, cuando sus fundadores ayudaron al surgimiento industrial japonés, construyendo el sistema telegráfico del país e instalando sus primeras luces eléctricas fabricadas en el Japón. Si la empresa se hubiera derrumbado, el país del Sol Naciente habría perdido un pilar de su economía y decenas de miles de trabajadores. También habría perdido el contratista principal que limpia la planta nuclear arruinada de Fukushima, que Toshiba ayudó a construir hace décadas.

Si bien la historia de Toshiba representa en muchos aspectos el auge económico de Japón, algunas personas dicen que los tropiezos que llevaron a la compañía a vender la unidad de microchips reflejaban los problemas más recientes del país.

En una era en la que la industria tecnológica mundial está dominada por ágiles especialistas que venden diseños y software de vanguardia, Toshiba se ha definido por una jerarquía de gestión atrofiada, un enfoque anclado en hardware y una cartera dispersa de negocios.

"Toshiba es uno de los últimos zombis de Japón", dijo Jesper Koll, director ejecutivo de WisdomTree Japan, una empresa de inversión. "Es el último de los grandes conglomerados que no tiene una estrategia definida", añadió.

Problemas similares han obstaculizado a otros grupos japoneses, pero Koll sostuvo que Toshiba había sido particularmente lenta para abordarlos. Otras compañías, como Hitachi, conglomerado que pasó de los refrigeradores a las plantas generadoras de electricidad, "tomaron decisiones difíciles" para reestructurarse y ser más responsables ante los accionistas, mientras que Toshiba se retrasó, agregó.

La inacción ayudó a los ejecutivos de Toshiba a salvar la cara, al menos por un tiempo.

Pero luego vino un escándalo contable en el 2015, en el que Toshiba admitió exagerar sus ganancias en US$ 1,2 mil millones durante siete años. Los principales líderes de la empresa renunciaron y los investigadores contratados por la compañía culparon de la maniobra a "una cultura corporativa donde es imposible ir en contra de los deseos de los jefes".

Toshiba había estado cubriendo los excesos de costos en su filial nuclear estadounidense, Westinghouse Electric, que compró en medio de una expansión inoportuna en el 2006. Luego, las pérdidas aumentaron todavía más: Westinghouse buscó protección de bancarrota en marzo, después de costar a Toshiba US$ 6 mil millones en pérdidas. Toshiba dijo que dejaría de construir nuevas plantas de energía nuclear y se centrará en mantener las antiguas.

Ahora, con la venta de la mayoría de la unidad de microchips, Toshiba se está reduciendo aún más.

La compañía había estado negociando la venta durante meses, con una lista cambiante de inversionistas potenciales. La lista final de compradores, revelada en un comunicado el jueves, tuvo algunas omisiones sorprendentes.

Dos instituciones financieras controladas por el gobierno japonés a las que Toshiba había anticipado como grandes inversores potenciales no contribuirán inicialmente, dijo la compañía. Las instituciones, Innovation Network Corporation of Japan y el Development Bank of Japan, pueden invertir en una fecha posterior.

En su lugar, los inversores fueron captados íntegramente del sector privado.

Además de Apple, incluyen otros tres negocios en Estados Unidos: Seagate Technology y Kingston Technology, dos empresas de almacenamiento de datos y un brazo de capital de riesgo de Dell, el fabricante de computadoras. El fabricante de semiconductores surcoreano SK Hynix y Hoya, un fabricante japonés de equipos ópticos, también fueron nombrados inversores.

Toshiba conservará poco más del 40% de la unidad, uno de los mayores productores del mundo de los chips de memoria flash utilizados para almacenar datos en teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales.

En la negociación del acuerdo, Toshiba luchó para equilibrar su necesidad de dinero en efectivo y su deseo de mantener el control de la unidad de microchip, que ha sido descrito como la joya de la corona en su amplia cartera de negocios.

Toshiba fue pionera en su tecnología principal, la memoria flash NAND, y aunque ha caído a la segunda en la producción mundial, detrás de Samsung Electronics de Corea del Sur, el negocio ha generado la mayor parte de las ganancias de Toshiba en los últimos años. Entre las preocupaciones de la compañía estaba que su tecnología podría caer en las manos de los inversionistas, como SK Hynix y Kingston, que son también sus competidores.

Aunque Japón dominó el mercado mundial de microchips en los años ochenta y noventa, ha perdido terreno recientemente. Tsugio Makimoto, un ingeniero de semiconductores retirado de Hitachi, dijo que, en el pasado, los grandes conglomerados eran buenos en nutrir los negocios de microchips, porque tenían el dinero para financiar la investigación y construir fábricas.

Ahora, a medida que el ritmo del cambio tecnológico se ha acelerado, "la velocidad de administración y la especialización son más importantes", señaló.

Aunque Toshiba conservará solo una minoría de las acciones de la unidad de microchips, seguirá ejerciendo un control significativo.

Los inversores estadounidenses, cuyas contribuciones financieras exactas no fueron reveladas, recibirán acciones preferentes que no tienen derechos de voto, dijo Toshiba. SK Hynix se limitaría a una participación de propiedad de no más del 15% durante 10 años.

Hoya compra 10%. En una línea que reflejaba las preocupaciones nacionalistas sobre la venta, Toshiba hizo un punto de señalar que, "con las inversiones de Toshiba y Hoya, las compañías con sede en Japón contendrán más del 50% de las acciones comunes". Para "mantener una mayoría" en el futuro, amplió.

Al continuar con el acuerdo, Toshiba rechazó las objeciones de uno de sus socios comerciales, Western Digital, la compañía estadounidense de almacenamiento. Western Digital aún podría moverse para bloquear la finalización de la venta.

Una subsidiaria de Western Digital, SanDisk, comparte la propiedad con Toshiba de una operación de producción de memoria flash en Japón. Debido a eso, la compañía estadounidense sostiene que su aprobación es necesaria para que Toshiba pueda vender la unidad de microchips. Western Digital dijo esta semana que buscaría una medida cautelar contra el acuerdo.

Si la batalla legal se resuelve a favor de Toshiba, o si las dos partes llegan a un acuerdo, podría facilitar a las instituciones gubernamentales de riesgo como la Innovation Network Corporation of Japan y el Development Bank of Japan unirse al conglomerado de compra. Eso quitaría presión a otros inversionistas y a los bancos de Toshiba, con quienes esta última dijo había acordado proporcionar 600 mil millones de yenes en préstamos frescos.

Independientemente del resultado legal, la relación de Toshiba con Western Digital y SanDisk ha sido muy dañada, presentando un desafío para los nuevos propietarios de la unidad de microchips.

"El éxito de la memoria flash de Toshiba tiene mucho que ver con su relación con SanDisk", dijo Makimoto. "Todavía hay muchos problemas por resolver antes de que Toshiba pueda respirar con facilidad", concluyó.