Jack Ewing and Liz Alderman

FRÁNCFORT –

En algún momento, la fusión de dos empresas icónicas europeas podría haberse descarrilado a causa de las rivalidades políticas regionales. Sin embargo, en el caso del acuerdo entre Siemens y Alstom, esos problemas se han esfumado para enfrentar una amenaza mayor: China.

La fusión de los dos fabricantes más importantes de trenes en Europa, uno alemán y el otro francés, que se propuso el 27 de setiembre demostró que las necesidades económicas están uniendo al continente, a pesar de que los políticos populistas intenten separarlo.

En las últimas horas del 26 de setiembre, Siemens, un gigante alemán de la ingeniería y los aparatos electrónicos, y Alstom, un fabricante francés de los TGV de alta velocidad, señalaron que fusionarían las plantas donde fabrican trenes, tranvías y sistemas de señalización. El gobierno francés respalda la transacción y las dos empresas proporcionaron detalles del acuerdo al día siguiente.

La nueva empresa, la cual se llamará Siemens Alstom, es una respuesta a la competencia cada vez más intensa de China Railway Rolling Stock Corporation, un fabricante de trenes respaldado por el Estado chino que ha ganado contratos en Estados Unidos y en mercados emergentes donde el transporte público es un negocio en rápido crecimiento.

El éxito de la empresa es un emblema del creciente poder económico de China, el cual, combinado con una política internacional estadounidense más aislacionista, obligó a que los líderes europeos violaran viejos tabúes con el fin de mejorar el funcionamiento de la Unión Europea y su economía.

"El mensaje de esta fusión es que el espíritu europeo está vivo", afirmó Joe Kaeser, director ejecutivo de Siemens, en una conferencia de prensa que se celebró en París el 27 de setiembre. "Es un mensaje poderoso en tiempos marcados por el populismo, el nacionalismo y las divisiones sociales y políticas".

El anuncio llega tan solo unos días después de que un partido de extrema derecha ganó asientos en el Parlamento alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. El 26 de setiembre, Emmanuel Macron, el presidente francés, llamó a "reconstruir una Europa soberana, unida y democrática" que tuviera controles fronterizos más estrictos, pero también un presupuesto europeo considerable para ayudar a los países con apuros económicos.

Macron ha convertido la competencia con China en un punto central que motiva sus políticas europeas. Este año, propuso que se realizara un escrutinio en toda Europa de cualquier nueva participación importante que hayan tenido las empresas chinas en las joyas industriales europeas, pero se encontró con resistencia de países pequeños como Grecia y Hungría, los cuales están en busca de nuevas inversiones.

El presidente francés y otros líderes europeos cada vez se sienten más alarmados porque la Unión Europea está cediendo el control de la tecnología avanzada a China. En un discurso reciente que dio en Atenas, Macron llamó a fortalecer el bloque para convertirlo en una "potencia que pueda enfrentar a Estados Unidos y China".

Las preocupaciones se profundizaron después de que la empresa química propiedad del Estado chino, ChemChina, compró este verano el grupo suizo de pesticidas y semillas Syngent por 43.000 millones de dólares. Recientemente, el conglomerado marítimo Cosco, también respaldado por el Estado chino, se apoderó de una participación mayoritaria del puerto griego de Piraeus para anclar la nueva Ruta de la Seda de China por Europa. Alemania misma no ha sido inmune a las ofertas públicas de adquisición que han realizado las firmas respaldadas por el gobierno chino.

Apenas hace unas semanas, la canciller Angela Merkel de Alemania reforzó las regulaciones para limitar las adquisiciones de los activos estratégicos alemanes, una medida que tiene como objetivo frenar el avance de Pekín.

La competencia china fue un factor determinante para que Macron apoyara cerrar el trato entre Alstom y Siemens, a pesar de las protestas de los opositores políticos en Francia que lo acusaban de estar entregando uno de los iconos franceses a Alemania.

"La gran historia en este momento es la disposición de los franceses para dar este paso", afirmó Mikko Huotari, director del programa de relaciones internacionales en el Instituto Mercator para Estudios de China en Berlín. "Alstom es una de las joyas de la corona dentro de la industria francesa".

La transacción entre Siemens y Alstom en parte es una apuesta a que ser más grandes es la mejor forma de oponer resistencia a China Railway Rolling Stock, conocida como CRRC, una empresa que ha crecido hasta llegar a ser el fabricante más grande y competitivo de equipo ferroviario. La empresa europea podría crecer aún más: antes del anuncio del 26 de setiembre, se había especulado que Siemens podría vincularse a Bombardier de Canadá. El 27 de setiembre, Kaeser de Siemens no descartó que Bombardier pudiera formar parte de la empresa combinada en un futuro.

No obstante, las ventas de más de 33.000 millones de dólares del año pasado y sus 180.000 empleados en todo el mundo hacen de CRRC un negocio ferroviario más grande que la combinación de Siemens, Alstom y Bombardier.

El año pasado, la empresa china obtuvo contratos para fabricar 64 vagones de metro para la ciudad de San Pablo, y vendió más de 800 vagones de tren a Chicago por 1.300 millones de dólares, después de haber ganado las licitaciones por medio de una oferta barata que aseguraba buena tecnología.

"Por supuesto que CRRC es extremadamente fuerte y ha cambiado un poco el panorama del mercado", mencionó Henri Poupart-Lafarge, director ejecutivo de Alstom, a reporteros el 26 de setiembre.

Poupart-Lafarge será el director ejecutivo de la nueva empresa, la cual tendrá sus oficinas centrales en París. La planta Mobility Solutions de Siemens Alstom, la cual suministra sistemas para controlar el tráfico ferroviario y es más rentable que la planta que fabrica trenes y tranvías, tendrá su base en Berlín.

La nueva empresa tendrá un ingreso anual de 15.300 millones de euros, una cartera de pedidos valuada en 61.200 millones de euros y más de 62.000 empleados en todo el mundo.