- Marcelo Pedroza
- Psicólogo y magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
En el libro III, de la obra titulada De la naturaleza de las cosas, Tito Lucrecio Caro (99 a.C. - 55 a.C.) escribió: “no hemos de presumir que el alma sea una sustancia simple”.
Y en su contundente pensamiento manifestó en tiempo presente, ”ahora digo que el ánimo y el alma están infinitamente entre sí unidos, y una sustancia forman por sí propios, pero al juicio tenemos como jefe, él domina al cuerpo bajo el nombre de inteligencia y ánimo, y en medio del pecho tiene su morada fija”.
Alma y constitución del ser se erigen como eje de su análisis filosófico. En su concepción el alma y el intelecto son partes reales del cuerpo. No son entidades independientes, son dimensiones de una misma realidad vital.
Lucrecio, poeta y filósofo romano, desarrolla la herencia filosófica de Epicuro, intentando demostrar que el alma no es inmortal ni una sustancia separada, sino una realidad corpórea unida al cuerpo.
En el texto cita a Aristóxeno, músico y filósofo, quien piensa que el alma es una especie de tensión del cuerpo, como la que en el canto y la lira se llama armonía; esta idea, a la que se opone, le permite sentar su propia posición, sosteniendo que el alma posee realidad material efectiva, por eso siente, actúa y padece
Lucrecio, quien también fue influenciado por Demócrito, argumenta aquello de que el alma no es una sustancia simple, y lo hace explicando que la misma está compuesta de partículas finas y móviles, por ello puede experimentar emociones, pensamientos y movimientos.
Su complejidad explica la diversidad de temperamentos humanos. Su doctrina atomista indica que toda la realidad, incluso la vida psíquica, se compone de átomos y vacío.
El maestro hace una acotación notable acerca de la relevancia de la educación y lo expresa de la siguiente forma: ”la raza humana así es constituida; aún cuando perfeccione a ciertos hombres la educación, no puede, sin embargo, borrar ella los rasgos dominantes que en el alma grabó la misma mano de la naturaleza”.
Su reflexión atraviesa el tiempo del pensamiento sobre el tema, mostrando que existe en cada individuo una constitución originaria, una estructura fundamental del temperamento, y valorando el aporte de la cultura, la cual ennoblece el crecimiento del ser.
Tito Lucrecio también dijo ”la cubierta del alma es nuestro cuerpo, y ella es centinela y causa de salud”, creando así una relación recíproca entre cuerpo y alma. El cuerpo protege al alma, aunque el alma protege y gobierna el cuerpo.
Ninguno puede comprenderse sin el otro. La salud física y la salud anímica aparecen inseparables. Así nace la unidad psicofísica, donde pensamiento, emociones y corporalidad forman una totalidad indivisible.

