- Por Emma Paoli
- Dra. en Ciencias de la Educación
La educación paraguaya debe ser mejorada de manera urgente, está en crisis. Esta premisa no es nueva y se viene insistiendo desde diferentes ámbitos que es necesario analizar de manera urgente dónde estamos y hacia dónde queremos apuntar respecto al desafío del mejoramiento de la calidad educativa en todos sus niveles.
Hace unos días se dieron a conocer resultados de una evaluación nacional cuyo resultado no ha sorprendido, sino reconfirmado lo que ya se presumía sobre el nivel de la educación: el panorama no es nuevo.
Grandes titulares de los medios nos reportaban la delicada situación, pero debemos ser conscientes de que no podemos quedarnos en lamentos, sino en profundizar en el análisis sobre qué se hizo y se dejó de hacer, para proponer soluciones.
La evaluación que se dio a conocer es la que hizo el Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (Snepe). Son resultados de evaluaciones realizadas durante el 2015 a estudiantes de varios niveles de la educación primaria y media. Se reportó que el 90% está por debajo del óptimo y cerca del 50% debajo del medio. Es decir, una situación preocupante. Además, el nivel de comprensión de la mayoría es muy bajo.
Es probablemente la primera radiografía real que tenemos sobre la situación que debemos tomar como un punto de partida para ver qué hacer. Los alumnos no son los culpables de esta dramática situación. Algo falló a lo largo de todo este tiempo y se debe detectar qué fue y cómo salir de este grave problema. Más que nunca, el Estado en su conjunto debe dar una mirada hacia la educación. Más allá de las cuestiones políticas, ya no es posible que esta sensible área quede relegada. Es una obligación del Estado y de todas las instituciones dedicadas a la educación hacer una autocrítica, repensar y, insistimos, encontrar una solución.
No podemos escudarnos en que el problema de la educación no solo se da en nuestro país, sino en otros de Latinoamérica, donde los niveles son bajos. Varias naciones vecinas se han dado cuenta sobre sus propias realidades y han actuado. Nos toca a nosotros sentarnos de una vez por todas a pensar en serio sobre la educación en nuestro país y hacer algo ya.
Por supuesto, los cambios no son tan simples, exigen recursos financieros y humanos, compromisos políticos de todos los poderes del Estado, un acuerdo entre los tres poderes con el fin de obtener persistencia en el tiempo. Evidentemente, el consenso y la participación social –padres de familias, estudiantes, educadores, empresarios– son fundamentales, siendo el pacto social trascendental.
Este gran desafío inicia con la promoción de estrategias a largo plazo que trasciendan gobiernos, y sean traducidos en acciones reales, el desafío es ofrecer una educación de calidad con el fin de beneficiar a todos los ciudadanos de nuestro país.

