• Por Alex Noguera
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En estos días, en que por las fiestas se reúne toda la parentela para comer y departir, por casualidad escuché la conversación de dos sobrinitos que hablaban acerca de lo que más les causaba temor. Ambos coincidían en que los más terroríficos monstruos "del universo" eran los zombies. No pude menos que sonreír ante esa inocente forma de pensar y como todo adulto metiche que lo sabe todo comenté en voz alta que los zombies no existían.

No pude descifrar si su mirada fue de odio o de incredulidad, pero lo cierto es que para ellos el monstruo a temer son esos seres que caminan arrastrando los pies y que en grupos atacan a la gente para devorarles el cerebro.

El primer monstruo del que tuve conciencia fue la oscuridad. Detrás de ella vino Barnabás Collins, un lúgubre vampiro de voz gruesa que hacía su aparición en las pantallas aún en blanco y negro. Con el tiempo, el terror vino a colores y esta vez era el salvaje hombre lobo que solo podía morir con una bala de plata.

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Cuesta imaginar la infinidad de formas sutiles que encuentra el miedo para acomodarse en nuestro subconsciente. A vampiros y hombres lobo les siguieron los fantasmas, que al principio eran casi imperceptibles, pero con la llegada de "El ente", estos seres etéreos se tornaron mucho más agresivos. La culminación del terror llegó de la imaginación de William Blatty, que concentró todo su talento en la obra cumbre llamada "El exorcista". Las posesiones demoniacas, a partir de entonces, comenzaban su época de oro.

Supongo que cada generación tiene su propia pesadilla y hasta ayer "el monstruo" eran los zombies. Hoy existe uno nuevo. Y es el peor de todos por tres grandes razones. La primera es que este monstruo, al contrario de todos los anteriores, es real. Sí, existe. No es una invención del cine o de la televisión, sino algo que se instaló en cada hogar del mundo.

Otra gran diferencia es que muy pocos son los que se percatan de su presencia. Está a nuestro lado, la tocamos, la vemos, pero no podemos darnos cuenta de su peligro hasta que es tarde.

La última gran diferencia con los terroríficos seres de antes es que este no es un ser, sino un "algo". Es como una droga que nos atrapa y de la que no podemos desprendernos. Y si antes queríamos huir de los vampiros, a este nuevo monstruo lo buscamos todos los segundos del día. Y las víctimas preferidas son los niños.

En los últimos años este monstruo cambió todas las sociedades del planeta. Este monstruo es real y tiene nombre: Tecnología. Es tan real, tan actual, que la mismísima Organización Mundial de la Salud en su nueva clasificación 2018 incluyó al trastorno por los videojuegos como una enfermedad mental. Sí, ese monstruo afecta el cerebro de las víctimas y la propia OMS reconoce que esta patología puede generar problemas "muy graves" para la salud de las personas.

El monstruo Tecnología está aquí y ahora. Te mira desde la pantalla de la computadora, desde el celular. Obliga a los niños a sentarse frente al televisor y desperdiciar horas y días apretando los botones con el pulgar.

Al principio la relación es leve, pero pronto aumenta la frecuencia y se hace adictiva. Los patrones de conducta cambian. Ya no se acuestan temprano, sino que transgreden las órdenes de los padres y juegan hasta la madrugada. Con el tiempo dejan de relacionarse con los amigos y ni siquiera salen de su sitio de confort. La vida al aire libre deja de ser una opción, también la familia. Comen, no se alimentan. Beben gaseosas y engordan. Crían grasa en vez de músculos y la intensidad de conocimientos que debía ser la mayor en esa época de aprendizaje se convierte en una línea horizontal como la del monitor de terapia intensiva. Las neuronas están muertas.

Muchos pueden opinar que esta exposición es una exageración, pero es porque este nuevo monstruo no da la cara. No se lo ve. Si la OMS no es suficiente prueba de que existe y de que es real, a ella se le sumó ahora Francia: desde el 1 de enero del 2018, es decir, desde hace 6 días, en el país galo entró en vigencia una nueva ley que prohíbe el uso de celulares a menores de 15 años por los daños a la salud. Ningún joven de esa edad puede utilizar dispositivos móviles en las escuelas del país.

"El uso de teléfonos celulares en jóvenes no solo afecta en su desempeño escolar al ser un medio de distracción, sino que tienden a alterar la salud mental de las personas, como lo demostrado por el Hospital Universitario (HU), ubicado en Nuevo León, el cual afirma que la luz que emanan los celulares es capaz de alterar el sueño de las personas y volverlas violentas", expresa un informe.

Mi pedido por Reyes es que las autoridades se percaten de que este monstruo ya está aquí y de que ellos todavía no hicieron nada para proteger a los niños paraguayos que, estoy seguro, en su cartita todos habrán pedido más jueguitos.

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