• Por Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

Las industrias maquiladoras que están operando en nuestro país, según fuentes del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) serían alrededor de 113 dedicadas a diversos rubros de negocios y que están dando a la fecha fuentes de trabajo a más de 13.500 personas vs. 11.800 en idéntico período del año anterior.

Estimaciones preliminares de técnicos del Banco Central del Paraguay (BCP) señalaban hace poco que podría cerrar el año con ingresos globales por exportación no menores a US$ 350 millones vs. aproximadamente US$ 313 millones que ha sido en el 2016. Sin embargo, a la fecha ya se han superado los US$ 400 millones al cierre de noviembre, lo que haría suponer que este 2017 muy bien se podría exportar globalmente por no menos de US$ 450 millones, todo un récord.

Con esto queda claramente demostrado el auge y dinamismo que han alcanzado estas empresas en nuestro país en los últimos años y con posibilidades potenciales de que sigan creciendo expandiéndose.

Asumimos que el 100% de lo generado por estas exportaciones ingresan al flujo de nuestro mercado de divisas, cifra importante para un mercado aún estrecho como el nuestro, pero que se muestra cada vez más competitivo, a pesar de que en los últimos años también hemos tenido dentro del sector de agribusiness un gran dinamismo en exportaciones como son soja en grano en estado natural, aceite de soja, carne bovina, además de trigo y maíz, entre otros y los derivados de la industria avícola en pleno auge y crecimiento. Todo suma y contribuye a fortalecer nuestra balanza comercial.

Todas estas empresas gozan de los beneficios que les acuerda la Ley 60/90 de inversiones, y que en la práctica ha constituido una de sus mayores motivaciones para venir a instalar aquí sus plantas fabriles, teniendo en cuenta que en sus países de origen (siendo brasileras en su mayor porcentaje), las tasas impositivas son muy elevadas vs. las nuestras, restándole competitividad a los precios de ventas vs. la estructura de costos y gastos que poseen en Paraguay.

Para nosotros como país de economía emergente, y en donde la creación de más fuentes de trabajo, debería seguir siendo nuestra principal obsesión teniendo en cuenta el nivel de PEA que poseemos, se ha constituido en un rubro importante, que esperemos puedan en los próximos años mantener el mismo dinamismo, y sobre todo lo recomendable es que estén mucho más atomizadas geográficamente, de tal forma a que la inserción laboral les resulte más conveniente a los jóvenes que viven en diferentes pueblos y ciudades del interior de nuestro país.

Es dable esperar que las mismas como parte de sus planes estratégicos de negocios, y en la medida en que su gestión económica siga fortaleciéndose, parte de las utilidades generadas vayan año a año reinvirtiendo dentro de su giro comercial que les permitan aumentar su capacidad instalada, que traería aparejada la posibilidad potencial de generar más fuentes de trabajo y dando la fortaleza necesaria a su estructura empresarial, orientados a la consecución de un mayor incremento en facturaciones y niveles de rentabilidad.

Sería bueno y recomendable a la vez que se pueda establecer de antemano, al menos preliminarmente, los tipos de mano de obra que estarían precisando en coordinación con los entes del estado encargados de formarlos y que se constituyan en un hándicap favorable a su rápida inserción laboral, pues bien esa sabido que la demanda siempre seguirá superando a la oferta.

Es algo utópico poder pensar en un país con pleno empleo, lo cual ni tan siquiera en los más desarrollados o de primer mundo se dan, pero lo importante es que los esfuerzos primarios vayan orientados a la creación de más fuentes de trabajo formales, haciendo lo imposible por ir derribando las barreras de la informalidad, que mueve cada año más de 11.000 millones de dólares, que no permite a mucha gente que su capacidad adquisitiva pueda fortalecerse, dado que en gran mayoría ni tan siquiera percibe el salario mínimo legal.

Necesitamos a nivel país seguir ensanchando nuestra base tributaria, incrementando los ingresos provenientes de Fuente 10 (Recursos del Tesoro Público) que permitan generar los recursos para destinarlos a gastos realmente perentorios y no meramente superfluos.

Lo había recomendado con buen criterio en su momento el Prof. Dr. Felipe Larraín ex ministro de Hacienda de Chile y renombrado economista a nivel mundial y tiene muchísima razón.