• Por Matías Ordeix
  • Socio del Club de Ejecutivos

Hace unos días me comentaba un amigo, "no entiendo cómo la gente espera a ser viejos para viajar y descubrir el mundo, disfrutar la vida". Las excusas de "no tengo tiempo" para disfrutar de la familia, contemplar el mar, realizar un viaje o placeres más simples como recrearse en un día de campo, apreciar el amanecer o el naranjo ocaso… no deberían ser justificado.

En la vorágine jornada profesional-laboral, la falta de tiempo para compartir los simples placeres de la vida realmente es una farsa. Realmente quien quiere, puede. La persona que prioriza y balancea la vida, entre el crecimiento económico y el disfrutar de sus hijos, su pareja y otros placeres, es sin duda mucho más feliz. Aquel que va a esperar, "porque son mis mejores años de producción" para poder saborear el lindo regalo de tan solo Vivir será un adulto-mayor arrepentido en unos años.

Estamos de tránsito, prestados en la tierra, cada minuto de goce y felicidad cuenta. Si tenemos suerte llegaremos al promedio de vida (hoy en 73 años en Paraguay), pero ojo, manejemos despacio, cuidemos la salud y seamos felices para tan siquiera llegar al promedio. Nuestro día tiene 24 horas, de las cuales habitualmente dormimos un tercio, trabajamos el otro y tenemos solo unas restantes 8 horas (promedio) para disfrutar de la vida. O sea que, restándole nuestros años a la esperanza de vida, otra vez debemos dividir en 3 para tener una idea de cuánto tiempo nos quedará disponible… ¡¡el reloj no para!!

Afortunadamente el paraguayo es mayoritariamente feliz. En general, disfruta de los simples placeres como los encuentros con amigos, asados familiares… Está siempre presto a un paseíto al interior, para contemplar las estrellas nocturnas, el canto del gallo al amanecer o el mugido de la vaca lechera del vecino… ¡¡y esto es disfrutar la vida!!

Particularmente soy amante del viaje, en solitario, en pareja, con la familia y amigos. Está comprobado, estudiado, que el placer de una compra material (auto nuevo, nuevo plasma, etc.) es un placer que termina mucho más rápido que el recuerdo de un viaje, la experiencia de un lugar nuevo e historias que quedarán por muchos años grabados en nuestra mente, en las retinas, en el olfato y nuestros demás sentidos.

No comprendo a aquellos que teniendo tanto, acumulan y acumulan. No solamente no "invierten" en viaje, sino que sus horas de trabajo se prolongan por más de 12 horas, dejando la educación de sus hijos a niñeras, con muy poco tiempo para disfrutar de la familia y la vida. No dejes el placer de disfrutar de la vida para mañana si lo puedas hacer hoy, no hay forma de detener el tiempo y cada minuto cuenta. Invierte en felicidad, amor, amigos, viajes y deja lo netamente material como un gasto secundario.

El trabajo es vital, tanto para el crecimiento profesional como económico, pero el mismo debe siempre ir acompañado de diversión, risas y alegría. Busquemos qué nos gusta, y sacrifiquemos si es necesario reuniones protocolares, agenda improductiva, para invertir en nuestro más gran tesoro, ¡¡la familia!!

La vida debe ser un balance continuo, tenemos que aprender a colocar las pesas en sus lugares correctos, conciliar las cuentas y revisarlas constantemente debe ser nuestro diario actuar. Cuando veamos el desequilibrio entre lo profesional y lo personal, ajustémoslo, con sacrificio, pero siempre pensando en lo que realmente tiene valor. No esperemos llegar a sexagenarios para darnos cuenta de lo importante del saber vivir con felicidad. ¡¡Honremos la vida con felicidad!!