• Por Marcelo A. Pedroza
  • COACH
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Es una de las posibles consecuencias después de hechos que suceden en la vida. Está llamada a ser una de las sensaciones más queridas por el ser humano. Además de estar unida a otras notables producciones internas como la alegría, la paz interior y la autorrealización. Cuando surge es porque de alguna manera tenía que manifestarse, darse, sentirse y vivirse en carne propia. Sus orígenes son tan diferentes como cada ser humano. Los cauces que ha recorrido probablemente sean numerosos, detrás de su rostro hay un sin fin de historias. Forma parte de los procesos que enseñan a vivir. Es el alivio que de una u otra manera se vive en su máxima expresión.

Hay alivios como consecuencia de las penas. Y son los que comienzan el tejido de recomposición y revalorización de las esencias olvidadas, de las conquistas minimizadas y de las virtudes ignoradas. Cuando los dolores insisten con derrumbar los sueños, los alivios están germinando con mayor fuerza. Es indudable que las esperanzas son reconstituyentes emocionales que sostienen las convicciones queridas. Son las que irán al encuentro de los sentimientos que estimulan las transformaciones anheladas.

Hay caminos que conducen a la felicidad. Son lo que poseen cartelitos que dicen de mil formas que lo simple la constituye y que no hay recetas mágicas para alcanzarla. Si en el andar de los trayectos se leyeran con atención cada uno de los indicadores colocados en las pistas diarias, los alivios serían agradecimientos constantes de lo que se puede vivir.

El tiempo acompaña a los alivios. Su paso está conectado a los mismos, es valioso tenerlo como aliado, como testigo de lo que significa lo pasado, de las tantas previas que desenlazan las interpretaciones que favorecen los entendimientos, las conciliaciones, las reformulaciones de criterios que pueden unir, la activación de nuevas ilusiones que entusiasman otra vez. El panorama de los alivios depende de lo que traen al llegar. Si hay rencores es complejo que vivan en plenitud. Los rastros del tiempo son testimonios que deben ser identificados y valorados con respeto y autenticidad.

Cuando hay compromisos los alivios se festejan. Es que normalmente las satisfacciones inundan los ambientes que fluyen y desparraman entusiasmo. Es la multiplicación de los esfuerzos la que genera baterías de actitudes que se renuevan incansablemente entre un alivio y otro. Así un objetivo es un escalón hacia otro y durante su paso el respiro de las pequeñas y fundamentales victorias que al anochecer se inhalan y exhalan con alivio.

Los detrimentos que impiden el desenvolvimiento social pueden ser superados, así la comunidad en su conjunto tendrá sus alivios. Es justo que así sea, para ello es vital que los derechos y las obligaciones sean ejercidos con responsabilidad por cada ciudadano. Que cada cual sea protagonista de los desenlaces que pregonan satisfacciones y motivan la creación de acciones que se dirijan por los senderos que van directamente al encuentro con las sensaciones del deber cumplido.