• POR AUGUSTO DOS SANTOS
  • Periodista

Los políticos, en general, y los políticos devenidos candidatos tienen, también en general, una batería de ideas que lanzan a diestra y siniestra. Sus asesores se apresuran a encontrar las mejores ideas que se les ocurra y tratan de convencer al candidato sobre la justeza de las mismas. Hay de todo, como en botica, las ideas van y vienen, a veces cambian y, a veces, se corrigen apresuradamente pues no encaja en el gusto del candidato, o porque piensa que no caerá bien para su potencial electorado.

En realidad, no son solamente los candidatos y sus asesores quienes producen una especie de catarata de ideas. También los eternos electores descontentos tratan que el candidato de turno se apropie de alguna de sus ideas. Otros, más urgidos por eternas necesidades, se atreven a salir a las calles y expresarlas a viva voz y, a veces, a garrotazos, que suelen ser más convincentes.

De una manera u otra, hay ideas por todas partes, pero nada de debate sobre los planes de Gobierno de los candidatos.

La semana que paso sucedió un hecho casi exótico en la vida nacional y más aún en las campañas: el candidato de Honor Colorado, Santi Peña, convocó a su Puesto Comando, a todos los expertos y ciudadanos en general que quisieran debatir su proyecto de educación. Es más, anuncian que producirán otras reuniones sobre otros temas cruciales.

¿Porque le cuesta tanto a las campañas producir estos espacios? Conste que estamos hablando de un candidato que tiene apenas 3 meses de rodaje, mientras existen tanto en la ANR como en la oposición postulaciones que ya llevan años. Paradójicamente, estas postulaciones que jamás han contrastado sus proyectos con la ciudadanía son las que se autodenominan salvadores de la democracia.

Aquí también vale citar dos componentes que no son despreciables.

El rol hipócrita que jugamos los medios de comunicación. Durante todo el tiempo nuestro discurso es que los políticos "nunca presentan propuestas estructurales" o la otra muletilla mediática sobre que "los políticos nunca hablan de proyectos"; pero eso solo pueden creernos los oyentes, televidentes o lectores incautos, ¿porque?, porque somos nosotros los medios los que no tenemos espacios para los debates estructurales o el debate de los proyectos. Tenemos sí tiempo para los debates polémicos entre candidatos, que dejan –si es posible– sangre en el set, pero a ningún "competitivo" programa de Tv se le ocurrió nunca, hasta hoy, sentar a los candidatos a presentar ante la opinión pública sus propuestas.

Lo peor es que partimos, en los medios, de un preconcepto que nos excluye de culpas asegurando que son los televidentes o oyentes los que no gustan de esas cosas. "Se aburrirían", asegura un productor.

Sería honesto, por lo tanto, recordar a nuestros lectores que toda la culpa sobre que el debate de los proyectos (los que existan) no se plantea en los medios, no debe descargarse sobre la clase política solamente. En general los programas de TV los invitan para que confronten, no para que expongan sus planes. Siempre, claro, con honrosas excepciones.

El segundo componente al que hacemos referencia es a la ausencia de creatividad para comunicar una plataforma de gobierno sin que suene aburrida y densa. Porque una cosa es decir "promoveremos la integración regional en el entendimiento que, más allá de los tratados y acuerdos, el vínculo físico y tangible es el que terminará determinando el estado del arte de una relación bilateral" y otra cosa, es decir, sencillamente "haremos un nuevo puente con la Argentina sobre el río Paraguay". Décadas de comunicar mal las plataformas electorales (fruto del onanismo de los famosos "intelectuales del partido") han alejado a los ciudadanos de las propuestas e instalado en un escenario en el que las únicas herramientas son las controversias, las especulaciones sobre quien va a ganar y los escándalos. En síntesis, durante toda la transición hicimos lo posible para que las propuestas no formen parte de las campañas. Todos.

¿De dónde obtendrá los medios para financiar la puesta en marcha de sus ideas? ¿Qué piensa hacer para utilizar esos fondos en actividades multiplicadoras que produzcan lo necesario para pagar los intereses y, en definitiva, devolver dichos préstamos? ¿O elevará los impuestos y acabará con la evasión impositiva, y agrandará la base de contribuyentes?

¿Cómo organizar el desarrollo? ¿Cómo lograr que la educación, tan maltrecha ahora y con tantos problemas comience a ingresar en el Siglo XXI?

El país necesita exportar más. No solamente soja y carne. Deberá propiciar la instalación de industrias para elaborar productos utilizando materia prima nacional y mano de obra nacional. Y propiciar la exportación de esos productos para obtener divisas para el país y para ayudar a reducir el desempleo. ¿Propiciará la inversión extranjera?

¿Habrá un proyecto moralizador de la política? ¿Su gobierno encarará una lucha abierta y sin cuartel contra la corrupción y la impunidad?

En realidad, en nuestro país hay una gran cantidad de problemas y males que arrastramos desde hace décadas, para salir de esa situación y avanzar hacia el futuro se necesita establecer pactos entre todos los sectores para encarar políticas de crecimiento económico y social. ¿Estaría dispuesto a concretar esa clase de pactos con otros sectores políticos?

En resumen cómo hacer para: Reducir la pobreza; Modernizar la educación; Que la salud sea para todos los habitantes; Establecer el seguro de salud universal; Mejorar el sistema jubilatorio. Proteger el medio ambiente y acabar con la deforestación; Crear empleo; Perfeccionar la democracia; Moralizar la política; Modernizar el Estado; Modernizar a los partidos políticos. Impulsar la inversión privada nacional; Asistir y desarrollar las pequeñas y medianas empresas.

A esta altura de las campañas ya sabemos que quienes rehúyen el debate son los que no tienen respuesta alguna para estas interrogantes. Es más fácil sostenerse en campaña puteando contra el adversario en tuiter o dividiendo el país entre buenos y malos. Así se engañó a la gente por décadas.