Por: Cristóbal Nicolás Ledesma Salas

La reacción de la dirigencia azulgrana en contra de su cuerpo médico, por la lesión del “Topo” Cáceres, habla a las claras de nuestros manejos que rayan el amateurismo y que no condicen con el “status”, en su rol de empresarios, que ostentan los que conducen la institución del Barrio Obrero.
Partamos de la base que la selección es la prioridad, obviedad, así como lo señalan los dirigentes –de todos los clubes- y que el jugador que sea deberá ser utilizado sopesando la importancia del mismo incluso en un extremo de su condición física. Ya ocurrió con Santa Cruz, en aquel juego contra los argentinos que ganó la Albirroja justo con el gol de Roque, y más recientemente con Suárez justamente contra nuestro seleccionado.
El futbolista en cuestión juega después de una “junta” de la que participan el mismo, el técnico, los médicos, etc. No se piensa, en ese momento, si va a ir en detrimento del club; es más, no se piensa en club alguno y menos en que el jugador pueda lastimarse aun sabiendo que pueda ocurrir con cualquiera.
Es muy probable que el determinante volante azulgrana ya se recupere coincidente con la nueva convocatoria para los dos últimos partidos de la Albirroja, ¿qué hacer con él, hay que llamarlo o no?, o ¿qué dirán los dirigentes del club?
Faltan 18 días para el juego ante los colombianos donde la albirroja se juega la primera gran parte del sueño clasificatorio, en esta loca definición por saber a los que acompañarán a Brasil a Rusia. Todos deberíamos hacer el mayor esfuerzo para hacer de estos días el mejor ambiente para que los responsables de la dirección técnica tengan la mente fresca para hacer la mejor selección. Debemos despojarnos de nuestros intereses individuales, buscar reservar a los jugadores que son fundamentales para los dos partidos que restan, guardarlos en un cofre si es necesario.
Ir a un Mundial es el premio mayor que favorecerá a todos. Preparar –desde hoy- a Rodrigo Rojas, a Antonio Bareiro, a William Mendieta, solo por ejemplificar, debería ser el objetivo primordial pensando en Colombia, ese es el partido que debemos ganar todos juntos.
Claro que este tipo de actitudes debería nacer de la clase dirigencial de los clubes, de los que deben marcar el rumbo a seguir y que está incluso por encima de un triunfo en un clásico o de puntos que inminentemente puedan encaminar a un equipo al título del torneo casero.
La relevancia de jugar un campeonato mundial significará un crecimiento acorde a la Momumental obra de la Olla azulgrana, al proyecto de un nuevo estadio del Olimpia o la idea de que Paraguay sea una de las sedes del Mundial del 2030. Eso es jugar a lo grande y no perderse en peleítas inconsistentes o pensamientos sin fundamentos que terminan por sacar profesionales de probada calidad y honestidad de un club.
En un medio donde el negativismo es cotidiano casi nadie imaginó que la Albirroja iba a seguir con posibilidades de clasificación a falta de dos partidos por cerrar el calendario. Hoy que aún se puede no vendría mal hacer el intento con todos tirando para el mismo lado, en procura de una recompensa que será beneficiosa para el fútbol paraguayo en general.