• Por Emma Paoli de Viedma
  • Dra. en Ciencias de la Educación

La educación superior tiene que ser analizada de manera urgente desde la perspectiva de los grandes desafíos de este siglo XXI, enfatizando cuál debe ser la gestión y la responsabilidad que deben asumir las universidades. Y no hay tiempo ni excusas para que esta obligación sea cumplida por quienes integran la comunidad educativa.

Esta visión es la que intento graficar en el libro "La urgencia del ser y deber ser de la universidad", presentado hace una semana, como aporte a nuestro compromiso de seguir trabajando por una educación superior de calidad. El material, que reúne algunos artículos publicados en este diario a lo largo de dos años, pretende ser un aporte para el urgente análisis que se tiene que realizar.

Debemos señalar, en ese sentido, que existe una urgencia de debate, de análisis. Decimos urgencia porque es lo que mejor explica y traduce la extrema a necesidad que tiene hoy la educación superior. Ya no hay tiempo ni excusas para la universidad porque hay urgencias que le impone la sociedad en su conjunto.

¿Y por qué ser y deber ser, frase utilizada en el título del libro? Porque el deber ser se refiere a las cosas, a las cuestiones, a lo que existe. Es decir, utilizo el término ser para contextualizar las características de la dinámica de la sociedad, del conocimiento de la ciencia y cómo se forman hoy los profesionales.

Ser es utilizada como la expresión de lo que hoy se está haciendo en la educación universitaria, desde la ciencia con vistas a la formación profesional. Y deber ser, porque el concepto de deber implica una obligación. Y una obligación que, si no es cumplida, tiene sus consecuencias. En el caso de la universidad, una forma particular de obligarse, que es la de habitar su contexto. Esto es, su deber ser, responder a lo que la sociedad le exige en términos de producción de conocimientos, de formación de profesionales, de innovación permanente y de vinculación con la comunidad.

En resumida síntesis, en el libro se sostiene que es imperioso someter a un análisis, a una reflexión y a una crítica el escenario de la educación universitaria identificando las dificultades que imposibilitan no solo mejorar la gestión, sino la respuesta del quehacer universitario a los grandes desafíos de la innovación científica, de la formación profesional y de las necesidades de la sociedad.