En un café con un amigo argentino, consultor político, cuya acidez celebro como un don, me dijo que asesoraba la campaña de un candidato a gobernador con pésimos números en las encuestas. Tan malos eran –relata– que no estaba seguro si pedirle que genere acciones de popularidad o se suicide. En el fondo –agregó cruel– lo segundo podría otorgarle mayor popularidad.

  • Por Augusto dos Santos
  • Periodista
Es muy temprano para evaluar aun este amasijo cultural posmoderno, generado por el encuentro de dos aguas: la antigua política de caudillos de siesta larga (de pijama y orinal diría Camilo J. Cela) y la irrupción “tsunámica” de las nuevas tecnologías, el internet, el ordenador, big data, y las redes sociales. Por de pronto se puede percibir que persiste una antigua disciplina: la construcción de mitos, elemento esencial para el ánimo cívico y la sobrevivencia de la reina de todas las representaciones: la política.
Hoy analizaremos algunos mitos que giran en el ambiente: el candidato perfecto, el mito de unos buenos y otros malos y finalmente el mito de las encuestas como definidoras electorales.

MITO 1: LA GENTE BUSCA UN CANDIDATO PERFECTO

Este chiste es de humor negro, pero sirve: Tres amigos llevaban a un cuarto, paralítico, hasta una gruta milagrosa, ubicada en la cima de un monte, donde moraba una virgen que aparentemente hacia milagros. Iban turnándose para subirlo con muchas dificultades por la empinada cuesta arriba. Mientras lo hacían le animaban al amigo sobre los milagros que produjo tal Virgencita, insinuándole que con fe podría volver a caminar. Cuando llegaron a la cima, todos muy felices, descuidaron por un instante al amigo en silla de ruedas, con tanta mala suerte que ella (la silla) tomó de nuevo el rumbo cuesta abajo, ahora ya sin control y sin nadie que detenga su marcha hacia el fondo. Mientras los amigos corrían desesperadamente tras la silla de ruedas y gritaban: calma, calma, ya te alcanzaremos; se escuchaba decir al amigo paralítico: Virgencita, Virgencita, solo déjame como estaba!!!
Es cierto que los ciudadanos esperan milagros. Pero ello no ocurre porque tuvieran fe en la política, sino porque sencillamente tienen fe. Una fe cultural ( cristiana generalmente en nuestro hemisferio) y una fe ancestral (chamánica, de sobrevivencia).
Los ciudadanos en general no esperan un ingeniero que les explique cómo van a solucionar los problemas del país. Muchos ciudadanos no quieren siquiera perder el tiempo con esos asuntos. En el fondo buscan en el presidente un delegado técnico o político ( un mandatario) que les ayude a prosperar y salir de los tres o cuatro problemas cruciales de su subsistencia.
En último caso, los ciudadanos quieren una virgencita que les deje como estaban.
El primer mito es que los ciudadanos esperan un superhéroe de Presidente. Muchas circunstancias demuestran que muchas mayorías y las propias elites económicas buscan básicamente el concepto protección. El gran desafío se encuentre en cómo proteger desde conservar y como proteger desde la equidad social, al mismo tiempo.

MITO 2 : SE ENFRENTAN BUENOS VS MALOS

En 1999, Juan Carlos Galaverna y Blas Antonio Llano, eran “buenos” para un hemisferio de la prensa y la opinión pública porque apoyaban la caída del oviedismo del poder presidencial y fueron protagónicos con el marzo paraguayo. Al mismo tiempo eran villanos para Abc Color que protegía a Oviedo.
Poco tiempo después hubo que elegir un nuevo vicepresidente. Calé siguió siendo bueno para un hemisferio y Llano fue abominable porque su sector político se alió con el oviedismo para lograr que “Yoyiyo” Franco ganara la Vicepresidencia. Con este breve ejemplo con tan conocidos políticos del ecosistema nacional, les pinto de qué manera la “buenitud” o la villanía constituyen casi siempre una valoración externa, externa incluso a los valores y acciones de los sujetos políticos e inherentes a los intereses de sectores de poder mediático.
Si quieren más ejemplos: Lugo y Cartes eran los candidatos preferidos de Abc Color, el influyente diario nacional. Ninguno de ellos cambió ni su carácter, ni su estilo, ni su manera de pensar. Hoy son villanos para el mismo medio.
Pasa que en todos estos años y desde casi siempre, lo que se enfrentan no son valores, son intereses, aunque el mito de los buenos y malos siga gozando de buena salud.

¿Cómo funciona esto?

Para entender como funciona habría que leer a Elisabeth Noelle-Neumann, cuya teoría sobre la espiral del silencio explica cuál es el efecto del poder de la opinión pública sobre los ciudadanos.

¿Qué dice esta teoría?

Los individuos tienen un temor ancestral al aislamiento. En general no quieren quedar solos con su posición, su idea, su forma de mirar el mundo y menos aún de su círculo social.
Por ello los ciudadanos adaptan su posición a lo que piensa el pensamiento dominante en ese momento. Razón por la cual es muy difícil imponer agendas de minorías en la política.

Y que música tocan los medios en este contexto?

Los medios son los reguladores centrales de la opinión de los ciudadanos por medio de una herramienta llamada imposición de la agenda o la teoría del establecimiento de la agenda (McCombs y Shaw 1972).
Por ello el objetivo político de los medios que se constituyen en actores partidarios es la generación de un escenario de buenos vs malos. Golpistas vs democráticos. Saco Puku vs Saco Mbyky y decenas de variables posibles de acuerdo al escenario histórico.

MITO 3: LAS ENCUESTAS DEFINEN COMPORTAMIENTOS DE MASA

Las encuestas son herramientas imprescindibles para las campañas electorales. Por un lado por su valor científico para que los estrategas definan por qué caminos llevar una campaña exitosa. Datos sobre costumbres, cultura, deseos, esperanzas y hasta caprichos de los votantes que nunca se publican en los medios a los que solo interesa el podio de los probables ganadores.
Y por otro lado la manipulación grosera a la que se somete al público cuando se evidencia que lo que se busca es orientar el voto de los electores hacia determinado candidato.
El tema que hoy se debate en todo el mundo es ¿Cuál es la verdad sobre la utilidad de este “trabajo sucio” vía encuestas a la luz de los últimos acontecimientos mundiales?

LAS DOS MANIPULACIONES DE LAS ENCUESTAS

Los cientistas sociales ya no están tan seguros de la eficacia de estas operaciones, peor aún luego de los fenómenos del Brixit, del referéndum de Colombia y de la victoria de Trump en las que las encuestas demostraron estar ridículamente despistadas.
La finalidad de tales apuntamientos pueden definirse en dos manipulaciones posibles de la opinión pública. La primera es la denominada “Carro del Vencedor”. Una teoría sostiene que si se somete a los votantes a sucesivas encuestas que manifiestan que determinado candidato tiene ventajas sobre otros, una parte importante de los ciudadanos terminará votando el que tiene mayor posibilidad. De alguna manera esta teoría abreva en una interpretación de las teorías de la espiral de silencio que explicábamos más arriba
Esto está muy cuestionado últimamente en cuanto a su efectividad. Hay factores externos mucho más incidentes, el aparato de los partidos, las redes sociales, el trabajo de campo de la política (face to face), las propias estrategias y el misterioso mundo de los votos independientes, no votantes habituales y nuevos votantes.
La segunda manipulación es la posibilidad que ofrece el consagrar a determinada figura como “ganador inevitable” como fórmula para que su estructura política presione, “apriete” a otros candidatos de hemisferios similares ( oposición u oficialismo). Aquí juega un papel fundamental la opinión pública. Por ello es primordial que una encuesta se publique, ya que lo que se busca es que la propia ciudadanía (opositora u oficialista) sea la que ejerza presión para que determinado candidato renuncie y ceda su lugar al otro con mayores posibilidades

Error de estrategas de Ferreiro?

Puede interpretarse que esta estrategia citada más arriba está en curso en la relación entre Mario Ferreiro y Efraín Alegre? Es probable. Sin embargo, vale percibir un error de los estrategas de Ferreiro –si fuera así– porque han apostado a posicionar un imaginario con demasiada anticipación y además porque al generar un concepto de renuncia a las aspiraciones presidenciales ( renuncia que la ciudadanía no cree ni iba a creer) y, peor aún, al anunciar que su enfoque exclusivo será ahora LA GESTIÓN, lo sacan a Ferreiro de su posición de confort ( la esperanza ) y lo colocan en un sitio de debilidad ( la gestión, el transito, las calles en mal estado).
Sin embargo, si sus estrategas hubieran optado por un rol más político de constructor de la unidad opositora, por ejemplo, le hubieran regalado un lugar mucho más cómodo de operación, sin necesidad de mencionar su postulación Presidencial y retirándolo del sitio donde – finalmente – lo dejaron: el impopular e insostenible oficio de cerrar baches.
¿Se está partiendo del mito que la gente se enojaría si Mario renuncia a la Intendencia para ser candidato? ¿Alguien puede sostener eso científicamente?