• Por Milia Gayoso-Manzur
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¿Cómo era la relación con su padre? A pesar de haber leído mucho sobre Augusto Roa Bastos y bastante de lo que escribió, yo también quería saber sobre ciertas cuestiones más personales del escritor paraguayo más universal.

La pregunta provino de una de las alumnas que participaron de un conversatorio que se llevó a cabo en la municipalidad de la ciudad de Villa Hayes, el martes pasado.
El evento, realizado en homenaje a Natalicio Talavera y al centenario de Roa, movilizó desde Asunción a un grupo de escritores, a los hijos del autor de "Yo el Supremo", Mirta y Carlos, y a muchísimos alumnos de las escuelas de la ciudad chaqueña, mi valle.

Con el afán de hacerles conocer un poco más a su padre, Mirta Roa Mascheroni preparó un documental de nueve minutos (abreviado de "El portón de los sueños", la obra de Hugo Gamarra), para que los chicos disfruten de la imagen de Roa, caminando por su amado pueblo de Iturbe y escuchen de su propia voz, el relato de cosas muy cercanas a su vida y a su obra.

Después de proyectar el audiovisual, Mirta atiende las inquietudes de los alumnos y responde esas cuestiones que tienen que ver con el Roa-escritor y el Roa-padre-ser humano. Supongo que no es fácil para ella confesar que el autor de obras fundamentales de la literatura paraguaya fue un padre ausente la mayor parte de sus vidas. Lo tuvieron de pequeños y lo vieron alejarse luego, para encerrarse a trabajar en los libros que lo convirtieron en un ciudadano universal y para formar otra familia, después.

Pero la escucho hablar de él, con afecto, mencionando aquel primer cuento "Lucha hasta el alba", hablando de su primer libro, del amor con su madre (que ahora tiene 96 años) nacido en su lejana Iturbe, de una relación de afecto y respeto que al parecer no acabó nunca entre los esposos, de un divorcio que jamás se efectivizó en papeles, de un par de chicos que crecieron con mamá, viendo a papá distante, pero cercano al mismo tiempo, a través de conversaciones telefónicas, consejos y cartas.

Y la admiro por no guardar rencor, por atesorar lo positivo, por valorar por sobre sus necesidades de niños-adolescentes-adultos hijos, el hecho de que "tenía que ser así, porque de lo contrario, si se hubiera dedicado a su familia en cuerpo y alma, no hubiera podido crear la obra monumental que creó", y que legó a su país y a la humanidad.

Roa no es el primer ser humano brillante que ha sido un casi mal padre o totalmente mal padre. Hay cientos de casos en el mundo, de seres con mentes privilegiadas que han estado alejados de su rol paterno o materno, para privilegiar sus descubrimientos o creaciones. Muy pocos han sabido balancear su vida personal y su vida profesional, y lograr éxito en ambas.

Mientras Carlos la acompaña casi siempre en silencio, grabando los encuentros, sacando fotos, estando cerca, Mirta es la que dialoga, cuenta, exterioriza sus sentimientos más íntimos; y tiene todavía un largo camino por delante para hablar del legado de su padre.

Ahora van a República Dominicana que este año dedica su Feria del Libro al Paraguay, y por supuesto al centenario de Roa. Luego irán a Buenos Aires, donde también se realizarán homenajes a su figura, después a Oberá, en el norte argentino, y a distintos lugares de la geografía nacional, para que su obra sea descubierta por las nuevas generaciones.

Siempre hay maneras de recuperar el tiempo perdido y restaurar heridas.