Por la Lic. Emma Paoli

Magister en Evaluación y Planeación Educativa

Iniciando un nuevo modelo, hemos analizado en el artículo anterior los pormenores con relación a Paraguay en el contexto de América Latina. Lo importante es comprender que muchas veces las crisis nos impulsan a un replanteo, a un cambio y hoy nos encontramos en esa situación, se debe considerar este principio de cambio como muy positivo, en especial desde y para el pensamiento.

El siglo XXI nos exige una dinámica continua, un avance capaz de nivelar nuestros conocimientos en concordancia con las exigencias del presente siglo, por supuesto, vinculado con la tecnología en primer lugar.

Hemos comentado que nuestro país recién se encuentra en la etapa de la Adopción Tecnológica. Esta etapa ya la debemos superar y pasar a la siguiente: la etapa de la Adaptación Tecnológica. Las preguntas son: ¿cómo lo conseguiremos? ¿Cuáles serían los primeros pasos? El primer paso es tal como su nombre lo indica, adaptarnos. Esto nos exige conocer en profundidad el nuevo concepto tecnológico vinculado con la educación, desde el aspecto académico, económico, productivo, social; y dado estos estamentos nos obligan a diseñar una nueva "currícula" de enseñanza-aprendizaje.

Evidentemente, pensar en una nueva forma de gestión educativa, nos exigirá un nuevo modelo del sistema. Dicha gestión estaría vinculada desde el inicio con el organismo que guía y define la educación en el Paraguay, es decir, el Ministerio de Educación y Ciencias – MEC. El modelo a ser aplicado se iniciaría teniendo en cuenta tres dimensiones: la Superestructura, la Estructura y la Infraestructura.

Todas estas dimensiones se deberían trazar exactamente en forma específica y de acuerdo a su función, iniciando el trabajo con el diseño de la Superestructura, dimensión vinculada con la primera intención de un proyecto educativo: La Identidad, cabe decir que, aunque el Paraguay adopte conocimientos de otras latitudes, es necesario preservar nuestra identidad como país, caso contrario el esfuerzo que hagamos puede resultar vano. Una vez concretada nuestra primera intención, se debe desarrollar la siguiente: La Visión, que deberá ser una visión contemporánea, actual, y acorde a los desafíos del presente siglo, la que se enmarcará dentro de nuestra primera intención, la Identidad Paraguaya Guaraní.

Si respetamos las premisas apuntadas anteriormente, evitaremos equivocarnos desde el inicio. La filosofía bien sustentada sobre estos dos fundamentos, Identidad y Visión, nos aproximará adecuadamente a definir el siguiente paradigma que es La Misión. Concentrando los primeros esfuerzos en estos tres elementos para que todo lo que se vaya construyendo derive y desemboque en un camino estratégico y positivo.

Esta situación ilustrada en este breve comentario nos coloca en la necesidad urgente de ajustar nuestras metas acordes a las expectativas de nuestros jóvenes y niños a las inquietudes y necesidades de los mismos y a la patria toda. ¡La esperanza está puesta en un nuevo modelo, actuemos ya!