La información salió a luz en medio del escándalo de la expulsión por decreto del presidente del Banco Central, Martín Redrado, por negarse a entregar al Gobierno US$ 6.000 millones de las reservas.
por Claudio Paolillo
Director del Semanario Búsqueda
El 15 de setiembre de 2008, los mercados mundiales comenzaban el mayor desplome conocido desde la “Gran Depresión” de los años ‘30 del siglo pasado. La caída del gigante Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de los Estados Unidos, daba inicio a la hecatombe financiera más importante en casi 80 años, que entre noviembre de 2008 y marzo de 2009 estuvo a punto de hacer colapsar a toda la economía del planeta.
En todos los países, las personas corrían desesperadamente en procura de resguardos para sus activos, que nadie parecía estar dispuesto ni en condiciones de asegurarles. El matrimonio presidencial argentino, dueño de una suculenta fortuna que fue creciendo desde que Néstor Kirchner ingresó a la Casa Rosada de Buenos Aires en el año 2003, era por entonces una pareja muy preocupada. No tanto por las consecuencias de la crisis sobre el pueblo argentino, sino por los perjuicios que ese desastre podía provocar en sus propios bolsillos.
Entonces, Kirchner decidió poner una parte de su fortuna en la casi siempre segura inversión “en ladrillos”. Con la presidenta Cristina Fernández probablemente soplándole al oído “ché, mirá que esto viene mal; tenemos que cubrirnos”, su antecesor y esposo Néstor compró en octubre de 2008, cuando el mundo se caía a pedazos, la nada despreciable suma de dos millones de dólares. Con ese dinero, los Kirchner –cuya retórica es siempre despreciativa del “capitalismo” y de los “especuladores”– adquirieron acciones de un importante complejo hotelero de la Patagonia.
La información sobre este operativo, conocida durante las últimas semanas en medio del escándalo causado por la presidenta al echar por decreto al presidente del Banco Central, Martín Redrado, por negarse éste a entregar al Poder Ejecutivo unos 6.000 millones de dólares de las reservas internacionales del país para un inventado “Fondo del Bicentenario”, está provocando un tremendo revuelo en Argentina, muchos de cuyos ciudadanos aprecian cómo los Kirchner hablan de que “se desviven por los más desprotegidos” mientras, en silencio, se enriquecen a manos llenas.
El miércoles 3, la Coalición Cívica, un partido de la oposición, denunció penalmente ante la Justicia al matrimonio presidencial por el delito de presunto enriquecimiento ilícito, acusando a Néstor y a Cristina de haber utilizado informaciones y datos reservados con fines de lucro para la compra de aquellos dos millones de dólares en 2008, cuando la crisis mundial amenazaba con provocar devaluaciones de las monedas locales en todas partes.
La presentación judicial, que recayó en el Juzgado de décimo primer turno, a cargo del juez Claudio Bonadío, estuvo a cargo de los diputados nacionales Fernando Iglesias, Patricia Bullrich, Juan Carlos Morán, Elsa Quiroz, Juan Carlos Vega, Susana García y Horacio Piemonte. El delito que se le imputa a los Kirchner, previsto en el artículo 268 del Código Penal argentino, se castiga con penas que van de uno a seis años de prisión para aquellos funcionarios públicos “que con fines de lucro utilizaren para sí o para un tercero informaciones o datos de carácter reservado de los que hayan tomado conocimiento en razón de su cargo”.
Los denunciantes están ilusionados con que, esta vez, la Justicia produzca una investigación en serio y esperan que el juez Bonadío desempeñe un papel más digno que su colega Norberto Oyarbide, uno de esos magistrados famosos por estar a la orden del poder en la Argentina de los “K”. El diputado Iglesias, uno de los firmantes del escrito judicial, dijo que el hecho de que la causa esté en el juzgado de Bonadío “es una buena noticia” y se felicitó porque el caso no haya sido tomado por Oyarbide. A este juez, afirmó Iglesias, “mágicamente le caen todas las causas contra los Kirchner”. Y, naturalmente, ellos siempre salen absueltos, libres de polvo y paja.
Casi un año y medio después de haber concretado aquella millonaria operación en el más absoluto de los sigilos, Kirchner trató de salir a explicarla ante el vendaval de informaciones, sospechas y acusaciones que se habían abatido sobre él y, también, sobre su esposa. Dijo que no había “especulado” al comprar aquellos dos millones de dólares en 2008, sino que los había utilizado para pagar acciones en el hotel del sur argentino.
Pero Iglesias no se tragó el verso. “La explicación que da Kirchner es aún más improvisada que la operación que hace. Tenía en su declaración jurada cuatro millones en la mano en el momento que sale a comprar dos millones más; de manera que tenía disponibilidad de dólares”, precisó apuntando sobre lo obvio.
Es que, en diciembre de 2008, el matrimonio Kirchner presentó una declaración jurada, obligada por ley, para declarar cuál era en ese momento su patrimonio. Cristina y Néstor dijeron entonces que su fortuna llegaba a unos 12 millones de dólares: el triple de lo que tenían en el año 2007 y siete veces más que lo que afirmaban poseer en 2003, cuando Néstor asumió la Presidencia. Durante aquél año (el 2003), Kirchner fue electo presidente con el 22% de los votos, cuando su rival del momento, el ex presidente Carlos Menem, que había conseguido 24%, decidió retirarse de la competencia para evitar un balotaje del que, suponía, saldría perdidoso. Cuando Kirchner asumió, Argentina seguía devastada por una terrible crisis económica y política que se había abatido sobre la nación en diciembre de 2001.
El periodista español Pedro Cifuentes escribió la semana pasada en El País de Madrid un artículo lapidario sobre el presente y el futuro de los Kirchner en Argentina, bajo el título “Los Kirchner cada vez más ricos”.
“No pasa un solo día sin que el prestigio adquirido por Néstor Kirchner en sus años de gobierno, tras el descalabro de 2001, vaya reduciéndose paulatinamente, hasta el punto de convertirse en una carga para su esposa, la hoy presidenta de Argentina, Cristina Fernández, inmersos ambos en una caída de popularidad que no parece tener fondo”, dijo Cifuentes.
El periodista español dijo percibir un “repudio generalizado de la sociedad y de la clase política” argentinas por la operación secreta con los dos millones de dólares en 2008, conocida recién en estos días.
Edgar Mainhard, director del portal de noticias argentino Urgente 24, acuñó hace años una expresión para identificar el tipo de política que define a los Kirchner: dijo que se trata de “ladri-progresismo”.
El tiempo dirá, pero todo parece indicar que, cuando este período de la vida política argentina acabe, Mainhard habrá tenido bastante razón.
“Además de escandaloso e inmoral, es un delito que hayan comprado millones de dólares cuando se sabe que Néstor Kirchner es el jefe político y económico del gobierno y son los que manejan la flotación de la divisa extranjera. Pero además es una burla a todos los argentinos porque al mismo tiempo que se pedía a los empresarios que no se corrieran al dólar, ellos compraban el máximo posible en el mes pico del aumento de esa moneda, con una devaluación administrada en los primeros 30 días de casi un 10%. Según la ‘Real Academia’ de Cristina, al mayor ‘buitre’ lo tiene en su casa: compra tierras fiscales a cinco pesos y las vende cincuenta veces más caras sin haber construido; compra dólares barato para ganar 400.000 pesos en un mes; alquila su hotel a un precio escandaloso; cobra intereses que no existen en el mundo. ¿Qué es esto si no es aprovecharse del Estado como un ‘buitre’?”.
(Juan Carlos Morán, uno de los diputados de la Coalición Cívica que denunció penalmente a Néstor y Cristina Kirchner por enriquecimiento ilícito)
Publicado el 13.02.10 07:48:00 PM
Publicado el 13.02.10 05:41:00 PM