Es innegable que la sociedad está perdiendo una batalla que, bajo ningún sentido, debería perder. El nuevo golpe que produjo en la semana que culminó, el denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), en Azotey, y que causó dos víctimas fatales, deja al descubierto cuan desprotegida está la ciudadanía, y mucho más la del norte del país, donde ejerce influencia este grupo armado.
Pero lo que llama poderosamente la atención es el poco o casi nulo poder operativo de las fuerzas de seguridad (Fuerzas Armadas y Policía Nacional), en el sentido de que, en número y se supone que en logística, tienen mucho más poder que los que podrían tener los integrantes del EPP. Y es aquí donde entra la duda en cuanto a que si se hace o no todo lo que se tendría que realizar para definitivamente aniquilar a este grupo, que ya desde hace bastante tiempo viene creando zozobra en el país.
Cabe recordar que las primeras apariciones de estos “guerrilleros” se dieron en el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, quien poco y nada hizo para combatirlo. Pero no quedan dudas de que el EPP se fortaleció con el gobierno de Fernando Lugo; fortalecimiento que, hasta que se aclare convenientemente, se le responsabilizará al ex obispo de San Pedro.
Y ahora le toca el turno a Federico Franco. Pero la cuestión no será tan sencilla si el combate no se toma en serio. En lo que va de la gestión de Franco, lo de la semana pasada fue el quinto golpe. Es decir, si en poco más de dos meses, el EPP golpeó en cinco oportunidades, significa que la intención es activar mucho más que en los gobiernos anteriores.
La lucha contra esta “guerrilla” debe ser una de las prioridades fundamentales para Franco. Y no lucha retórica nada más, sino un combate que resulte efectivo, puesto que la ciudadanía ya no puede seguir siendo presa de un pequeño grupo que, si bien tiene poder, no tendría el número necesario para resistir mucho tiempo más, salvo caso que, a raíz de la ineficiencia de las autoridades, se les deje crecer hasta hacerse incontrolable.
En este punto también cabe recordar que el “aniquilamiento” del EPP fue una de las promesas de Federico Franco. Sin embargo, si en dos meses se dieron cinco golpes, significa que en un año, tiempo que durará la gestión de Franco, muchos más podrían ser los ataques si es que no se termina con el flagelo.
Tampoco se puede olvidar que la falta de una acción efectiva contra este grupo armado por parte del gobierno de Fernando Lugo fue uno de los argumentos esgrimidos en el juicio político contra el ex presidente, que culminó con su destitución. Es decir, si a Lugo se le cuestionó hasta sacarlo del poder por culpa del EPP; a Federico también se le puede, y con mucha razón, “sacarle en cara” su ineficiencia para combatir a este grupo.
Pero, finalmente, lo que se debe hacer ya, en forma urgente, es dejar de lado responsabilidades pasadas y poner manos a la obra para acabar definitivamente con esta “guerrilla” casera, que de nuevo en el último ataque se cobró dos víctimas, un efectivo policial y una mujer que pagó con su vida la ineficiencia de las fuerzas de seguridad.