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Nos han reducido a colonia

Cuando se creó Mercosur y se firmó el Tratado de Asunción, en 1991, una primera cosa muy evidente, obvia por sí misma, era la diferencia de tamaños geográficos y económicos entre Brasil y Argentina por un lado y Paraguay y Uruguay por el otro.
Jueves, 28 JUN 2012 - 22:29  |  
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Enrique Vargas Peña

Considerando una larga experiencia histórica, los fundadores de Mercosur establecieron, como lógica garantía de igualdad real entre los socios la prohibición de tomar medidas que no fueran por consenso de todos los Estados parte.

La prohibición de medidas unilaterales es la única garantía de igualdad real entre los socios de Mercosur. Está establecida en el Capítulo III, artículo 37 del Protocolo de Ouro Preto, constitutivo del Tratado de Asunción.
El citado artículo 37 del Capítulo III del Protocolo de Ouro Preto dice que “Las decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes”.

Por consenso (“Del lat. consensus.1.m.Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”) y con la presencia de todos (“Del lat. totus.1. adj.Dicho de una cosa: Que se toma o se comprende enteramente en la entidad o en el número. (…) 5. m.Cosa íntegra”).

Ninguna decisión en Mercosur se puede tomar sin consenso y sin que estén todos los Estados parte.
Es por eso que el artículo 4 del Protocolo de Ushuaia (I) dice que “En caso de ruptura del orden democrático en un Estado Parte del presente Protocolo, los demás Estados Partes promoverán las consultas pertinentes entre sí y con el Estado afectado”. 

Sin embargo, a pesar de los textos claros e incontrovertibles de los artículos 37 del Protocolo de Ouro Preto y 4 del Protocolo de Ushuaia, Brasil, Argentina y Uruguay resolvieron el pasado sábado 23 de junio suspender a Paraguay, supuestamente tan socio como ellos de Mercosur y supuestamente tan igual a ellos en Mercosur.

No solamente suspendieron a Paraguay violando los protocolos de Ouro Preto y Ushuaia, sino que humillaron a nuestra República echando a sus representantes de las reuniones previas a la Cumbre de Mendoza e impidiendo que los representantes paraguayos de Parlasur, los únicos elegidos directamente por el pueblo, participaran de las deliberaciones de la misma.

La excusa de Brasil, Argentina y Uruguay para violar groseramente los mencionados protocolos, constitutivos del Tratado de Asunción es que en nuestro país hubo una "ruptura del orden democrático".

Según ellos, la destitución constitucional del ex presidente Fernando Lugo viola las normas del debido proceso por no haberle proporcionado un tiempo de defensa cuya extensión ninguno de los tres países se dignó a especificar.

Brasil, por ejemplo, suspende al presidente que va a ser juzgado políticamente por el Senado sin ningún minuto, ningún minuto, de tiempo entre la votación de la Cámara de Diputados y la suspensión del presidente.
Pero eso es irrelevante, en realidad. Lo relevante es que Brasil, Argentina y Uruguay se atribuyen a sí mismos la facultad de interpretar el Artículo 225 de nuestra Constitución en un sentido contrario al establecido por nuestros constituyentes, como lo prueba fehacientemente el libro del abogado de Fernando Lugo, Emilio Camacho, “Lecciones de Derecho Constitucional”.

No sé muy bien cuándo, ni dónde, el pueblo paraguayo otorgó a los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay la facultad de decidir cuál es el tiempo que ellos creen necesario para que en Paraguay haya “debido proceso”. Agradecería que alguien me ilustre sobre este punto.

Es decir, con la excusa del “debido proceso”, Brasil, Argentina y Uruguay se arrogan un poder tutelar sobre nuestro Paraguay, cuyas instituciones y procesos constitucionales solamente sirven si son aceptados por los tres países que integraban la Triple Alianza.

No les importa, a Brasil, Argentina y Uruguay, que el Congreso elegido en la mismísima elección en la que fue elegido Fernando Lugo y, por tanto, dotado de la misma o mayor representación que ostentaba el ex presidente, haya encontrado elementos suficientes para pensar fundadamente que los aliados de Lugo pretendían generalizar la violencia en nuestro país.

Tampoco les importa, a Brasil, Argentina y Uruguay, que ese Congreso que tiene al menos la misma legitimidad de Lugo, en realidad mayor pues en él tienen asiento todas las fuerzas políticas paraguayas votadas por el pueblo no como el receptor de solamente el cuarenta por ciento de los votos, haya votado abrumadoramente por la destitución.

Y tampoco le importo que el presidente Federico Franco haya sido elegido por el pueblo en la mismísima boleta electoral que Lugo y que todos los votos que obtuvo Lugo, son los que constituyen el mandato de Franco.
En síntesis, arrogándose funciones de intérpretes de nuestra Constitución y violando los protocolos de Ouro Preto y Ushuaia, Brasil, Argentina y Uruguay nos suspenden de Mercosur y nos humillan.

Y nos avisan que estaremos suspendidos hasta que haya nuevas elecciones en nuestro país.
“La suspensión implica que Paraguay no podrá participar de ninguna cumbre de presidentes del bloque regional, ni tampoco en las reuniones u otra actividad. Como consecuencia no podrá tomar parte de ningún acuerdo u otras decisiones que adopte el Mercosur, y que a la larga afecten al país” (Ultima Hora).

Es decir, Brasil, Argentina y Uruguay no solamente se erigen en poder tutelar sobre Paraguay, no solamente violan los acuerdos internacionales para someterlo, sino que pretenden legislar con efectos sobre Paraguay.
No entiendo cómo, dados todos estos hechos, hay gente en el gobierno de Federico Franco que insiste machaconamente en que no tenemos que denunciar el Tratado de Asunción y salir de Mercosur para recuperar nuestra Independencia perdida.

No creo que haya que insistir ni un minuto más con Mercosur. Nuestra Independencia y nuestra democracia exigen denunciar ese Tratado de Asunción y sus protocolos que Brasil, Argentina y Uruguay están usando para someter y humillar a nuestro Paraguay.

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