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Ganaron los sabaneros

De todas las críticas realizadas al sistema de listas desbloqueadas, la única que merece consideración, porque es la única seria, es la relacionada al tiempo de duración del escrutinio.
Jueves, 7 JUN 2012 - 22:35  |  
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Enrique Vargas Peña

La otra crítica, la de Mami Roa, la de Andrés Giménez, la de Roger Caballero, según la cual los paraguayos somos un pueblo de cretinos, un país de pura gente idiota, una comunidad de infradotados que no podemos entender un sistema electoral, no merece otro comentario que el de señalar que los mencionados legisladores juzgan por ellos mismos: Ellos no entienden el sistema y quieren hacer creer que todos somos tan deficientes como ellos.

Los mencionados legisladores son la prueba más evidente de que las listas sábana (o listas cerradas bloqueadas) promueven mayormente a solemnes nulidades a posiciones en las que se requiere gente verdaderamente representativa.

Me recordaba esta mañana (jueves 07 de junio) el diputado Sebastián Acha que en la demostración realizada por técnicos de la Justicia Electoral ante el Congreso, el escrutinio de una elección con listas desbloqueadas duró unas cinco horas, que deben sumarse a las diez horas que dura la elección propiamente dicha, desde la constitución de las mesas en adelante.

El escrutinio de las mesas electorales del Departamento Central, por ejemplo, deberá contar los votos de la elección para presidente y vicepresidente de la República, cuarenta y cinco senadores (listas y personas), veinte diputados (listas y personas), gobernador, concejales departamentales (listas y personas) y dieciocho diputados de Parlasur (listas y personas), totalizando seis actos electorales distintos.

El senador Juan Carlos Galaverna argumentó, en la sesión del Senado que el martes pasado rechazó el desbloqueo total de listas, que a las horas de la elección propiamente dicha y a las del escrutinio, hay que sumarle las de preparación de los integrantes de mesa, que serían unas dos horas, lo que daría un total de diecisiete o dieciocho horas de trabajo para estas personas el día de las elecciones.

Yo mismo, haciendo el ejercicio de medir los tiempos, llegué a una conclusión parecida: entre dieciséis y dieciocho horas es lo que deberán trabajar los agentes electorales el día de las elecciones generales.
Es una jornada muy extensa, indudablemente, y es necesario abordar el problema resueltamente. Tanto el senador Galaverna como Carlos María Ljubetich, asesor de Justicia Electoral, han sostenido que el problema implícito en una jornada de tal magnitud se encuentra principal, aunque no únicamente, en el riesgo de que quienes representen en las mesas a candidaturas perdedoras simplemente abandonen el trabajo, amenazando directamente la validez de las elecciones.

Como “el interés es la medida de la acción”, este trabajo adicional, pesado y tedioso, debe ser especialmente recompensado en la ley.

Si se teme que los integrantes de mesa de candidaturas perdedoras abandonen el trabajo al perder la motivación política que los alentaba, pues es claro que debe establecerse para todos los integrantes de mesa una remuneración estimulante que solamente pueda ser cobrada si los trabajos electorales se terminan a satisfacción.

Los legisladores, que quisieron gastarse cincuenta millones de dólares en operadores políticos, no tienen excusas para negarse a disponer uno o dos millones de dólares para asegurar que los integrantes de mesas electorales trabajen a satisfacción no solamente dieciocho horas, el día de las elecciones, sino veinte o veinticuatro, si fuera necesario.

Pero no solamente deben tener muy buena remuneración los integrantes de mesas electorales por trabajo terminado, sino que la ley debe establecer penas muy duras, carcelarias e inexcarcelables, para los integrantes de mesas electorales que abandonen su trabajo antes de terminarlo.

Estoy seguro que si los legisladores pueden hacer proyectos de ley para peticionar pensiones graciables para sus amigos, también pueden escribir proyectos para castigar penalmente a quienes no cumplan con el trabajo patriótico y bien remunerado de terminar de contar los votos del pueblo paraguayo.

No solamente deben tener buena remuneración los integrantes de mesas electorales el día de las elecciones. Deberían tenerla también durante uno o dos días previos dedicados a entrenarse adecuadamente en el conteo del doble voto preferencial. Este entrenamiento debería ser bien remunerado y la inasistencia al mismo debería también ser duramente castigado.

Luego, si se adoptan estas medidas sencillas, posibles, al alcance de la mano, habrán desaparecido los riesgos que preocupan a Carlos María Ljubetich y al senador Galaverna, pues los integrantes de mesas electorales tendrán interés reforzado en hacer el trabajo, en hacerlo bien y en terminarlo en forma, independientemente de que sus candidatos ganen o pierdan.

Todo lo anterior debe hacerse sin perjuicio de mejorar también la documentación electoral, para hacerla sencilla, porque será cuantiosa. Y para mejorar el instrumental electoral (urnas, mesas, sillas, instalación eléctrica de las escuelas, sujetadores de votos, etc., etc.).

No se comprende cómo los legisladores que iban a gastarse cincuenta millones de dólares en operadores políticos podrían negarse a invertir otro millón de dólares en hacer más sencilla la documentación y más prácticos los útiles electorales.

Con estas dos líneas de acción, a un costo total máximo de tres o cuatro millones de dólares, el desbloqueo total de listas podría haberse realizado sin mayores contratiempos.

Pero el rechazo al desbloqueo, en realidad, nada tiene que ver con esta razonable excusa que se usó para rechazarlo. El rechazo al desbloqueo se debe a que con listas cerradas desbloqueadas, nulidades como Mami Roa, Andrés Giménez y Roger Caballero jamás lograrían ser electas.

Han triunfado los mediocres, los sabaneros (elegidos por integrar listas sábana) que no logran entender lo que se discute pero que tienen suficiente poder económico como para financiar las campañas electorales de sus caciques.
 
 
Material enviado el jueves 07 de junio a La Nación para su publicación en la edición digital

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