ABC.es- Durante el pasado año, numerosas investigaciones arrojaron luz sobre el mecanismo de la que probablemente sea la necesidad física más compleja y con más implicaciones de toda índole –sociales, emocionales, etc.– del ser humano, según explica una nota publicada en ABC.es.
En este sentido, uno de los descubrimientos reveló que los seres humanos modernos y los neandertales mantuvieron relaciones sexuales, encuentros que dejaron una huella genética imborrable: el 2% del genoma de todos los homo sapiens del planeta, con la excepción de los africanos. Ese intercambio de fluidos favoreció nuestra evolución y nos hizo más fuertes.
En 2011, investigadores de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) también dieron un paso importante para esclarecer el placer sexual femenino captando con imágenes de resonancia magnética lo que ocurre en el interior del cerebro cuando se alcanza el orgasmo. Una voluntaria se introdujo en el interior de un escáner y buscó la estimulación en solitario. Las primeras caricias encienden solo una región del córtex sensorial, pero rápidamente las señales se extienden hacia el sistema límbico, la zona vinculada a las emociones, el comportamiento y la memoria a largo plazo. Es decir, cuando se alcanza el máximo placer, casi la totalidad del cerebro se vuelve muy activa.
Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Central Lancashire, en Gran Bretaña, descubrió, por otra parte, que más de un cuarto de las mujeres gimen habitualmente durante el sexo, pero no por placer, sino para manipular a su pareja y hacerle creer que ha alcanzado la cúspide sexual, con el fin de influir en la situación a su beneficio.
Mientras que otra investigación concluyó que las mujeres que se encuentran en la fase más fértil del ciclo se muestran irremediablemente atraídas por los hombres de aspecto muy masculino.
Los hombres
Un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio acabó en 2011 con la idea persistente de que los varones piensan en el sexo una vez cada siete segundos, lo cual equivaldría a hacerlo unas 8.000 veces al día durante las 16 horas en las que no están dormidos. El estudio, sin embargo, demuestra que los hombres, como media, piensan en cuestiones relacionadas con el sexo “solo” unas 19 veces al día, mientras que las mujeres lo hacen unas 10 veces.
Científicos de varios centros estadounidenses identificaron también el nexo entre el sexo y la violencia, la explicación biológica de por qué comportamientos sociales en teoría tan opuestos son, en realidad, tan cercanos. La clave la tiene una red neuronal que se localiza en una zona del hipotálamo.
Un IgNobel
Es sexo animal, pero también es sexo. Es absurda y se ganó el premio IgNobel a la investigación más disparatada del año, pero también es ciencia. Daryll Gwynne y David Rentz recogieron en el 2011 el Ig de Biología por descubrir que ciertos tipos de escarabajos tratan de aparearse con ciertos tipos de botellas de cerveza australiana.
Por otra parte, una pequeña pareja de ácaros demostró que en el juego del apareamiento no siempre han dominado los machos. Una pareja de la especie extinta Glaesacarus rhombeus, atrapados en ámbar hace 40 millones de años, suponen la evidencia de que, al menos en un época tan remota, los roles sexuales tradicionales estaban invertidos, y que eran ellas las que decidían dónde y cómo gracias a una pequeña almohadilla que les permitía aferrarse al cuerpo de sus compañeros.