El maltrato a los conscriptos fue desde siempre una “práctica normal” en las distintas unidades militares, práctica a la que nunca se intentó poner un freno. Es más, parecería ser que aquel militar de mayor grado que no sea “fiera” con sus subordinados, no sirve para vestir el uniforme verde olivo, o llevar “una estrella” en el hombro.
Y lo digo por que lo sufrí en carne propia esta situación, cuando en mi época de “soldado”, cumplí el servicio militar en el Comando de Ingeniería de las Fuerzas Armadas de la Nación, con asiento en Tacumbú. De eso ya pasó mucho tiempo, mucha agua corrió bajo el puente, pero las prácticas violentas, el “descuereo” agresivo sigue, y hasta en muchos casos se transforman en verdaderas torturas para los que son sometidos a esos “normales” ejercicios en las unidades militares.
Ahora nuevamente surgen denuncias sobre torturas en los cuarteles, pero con el agravante de que esas torturas se dan en el sitio donde, precisamente, se forman los que más adelante serán los “grandes” oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, la Academia Militar Francisco Solano López (Academil). Y parecería ser que esas prácticas son como una asignatura más en la carrera militar, asignatura que, quienes lo sufren hoy, deben “enseñar” mañana para no quedar descolocados.
Pero hay más, ya que a la gravedad de las denuncias que se dieron en los últimos días sobre los hechos registrados en la Academil, habría que sumar que las mismas fueron llevadas a cabo por cadetes de regular capacidad y quienes sufrieron los castigos eran los más aplicados. Es decir, el hecho de ser un buen cadete, con una carrera militar importante por delante, parecería ser un punto en contra, y cuyo “premio” termina siendo una “tortura”.
En todo este tema son varios los responsables. Desde el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente Fernando Lugo, hasta cada uno de los altos jefes militares, puesto que está visto que nada hicieron o hacen para que estas prácticas sean definitivamente desterradas de los cuarteles. Es cierto, puede que no sean precisamente los altos jefes militares los autores materiales de las torturas, pero son los responsables de poner un punto final a esta situación que ya tiene una larga historia.
Antes nos decían que como soldados debíamos estar preparados para todo, que debíamos “aguantar” lo que venga, pero eso no debería ser un carta abierta para denigrar a nadie, y en especial a los soldados que, en una gran mayoría de los casos, son jóvenes que llegan del interior del país, en busca de una vida más digna.
Si Lugo y los altos jefes militares no son capaces de “poner la casa en orden”, simplemente quedará demostrado que no tienen la capacidad necesaria para estar al frente de nada.
Por otro lado, es de vital importancia que la Justicia Militar aclare y castigue todos estos casos, y por sobre todo que quienes se sienten víctimas de estas torturas tengan la suficiente valentía para denunciar públicamente los hechos. De no darse estas condiciones, seguiremos lamentando más casos, y las torturas militares seguirán siendo el pan nuestro de cada día.