Este contenido requiere Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player

DIARIO IMPRESO | PAIS
INTERNOS DE LEPROCOMIO SANTA ISABEL DE SAPUCÁI RECLAMAN MÁS MÉDICOS Y SEGURIDAD AL ESTADO
Setenta años refugiados en una colonia por estar enfermos de lepra
Alrededor de 100 personas viven en el lugar, de las cuales 14 sufren trastornos mentales.
 [ 1.00 / 5 -Total: 2 votos  ] 
  
Compartir
21/11/2010
“Se cumplió lo que nos decía un médico alemán: 'Ahora ellos les tienen miedo, pero llegará el tiempo en que ustedes les van a tener miedo a los que están afuera'”, cuenta Blanca Galeano, de 87 años, quien fue completamente robada junto a su esposo hace dos años dentro del leprocomio Santa Isabel de Sapucai, donde viven hace 70 años. Ella fue una de las 10 primeras familias que se asentaron en la zona, entre 1934 y 1940, por orden del gobierno de Eusebio Ayala, un poco después de la Guerra del Chaco.

La abuelita, nacida en Tebicuary y criada en Valenzuela, recién se dio cuenta de su enfermedad a los 10 años, cuando acudió a la escuela para aprender a leer y escribir. Su madre también estaba enferma y venían a Sapucai, junto a un médico alemán de apellido Heigel, quien en aquel entonces asistía a los enfermos de lepra del país.

“Cuando tenía 19 años vine acá con mi mamá y una hermana, porque la gente nos tenía miedo y porque el gobierno dispuso que todos los enfermos viviéramos acá. Nosotros colonizamos este lugar, no había nada acá, construimos unas precarias casas y nuestra casita de Valenzuela fue quemada por los policías”, relata.

Agregó que a los cuatro años de haberse instalado en la colonia se casó con otro interno, Carmelo Amarilla, quien en aquel entonces tenía 25 años, hoy 92 años. La pareja tuvo que mudarse de su casita, hace dos años, después sufrir el lamentable robo de todas sus cosas (tele, radio y enseres de la casa). “Estamos tristes porque no estamos seguros. Pedimos al Gobierno que nos envíe algún policía para cuidarnos”, dijo -y después comenta en voz bajita- “aunque ahora ya no sabemos si debemos confiar en los policías, me parece que ellos son los que roban…”. Agrega: “También necesitamos más médicos, oculista y odontólogo”, dice ella, y él pidió a la gente de afuera sinceridad, y al Estado mayor ayuda. “El Estado debe ofrecernos seguridad y también debe dar mayor  presupuesto a los hospitales para mejorar la salud. Nosotros ya no podemos defendernos, estamos acá… esperando nuestra hora para partir…”, dice resignado.

Pero aclara que cuando era un chiquilín casi se ahogó en el río Paraguay y se salvó de milagro, “realmente no nos morimos fuera de nuestra hora y ya me ves, ya tuve tres operaciones y sigo vivo...”, dice.
 
La pareja vive en uno de los pabellones y los dos casi ya no pueden caminar. Don Carmelo apenas escucha y se notan en su cuerpo los rastros de la enfermedad. El nunca recibió la visita de sus familiares, porque una tía donde trabajaba antes de acudir al leprocomio, le había dicho a sus familiares que él había muerto. “Yo me di cuenta que estaba enfermo después de salir del cuartel, pero mi familia cuando se enteró me echó de la casa y una tía me aceptó para trabajar en su casa por un tiempo. Luego yo decidí venir acá”, señala con tristeza. Ella está mucho mejor. No tuvo hijos y trabajó desde 1948 como enfermera del leprocomio hasta hace poco tiempo. “Mi hermana ya murió hace unos años y ahora estamos solos”, dice doña Blanca.

Doña Blanca y don Carmelo son casi los únicos que quedan de aquel grupo de 400 personas que se asentaron -en forma obligada- en la colonia en 1940. La mayoría murió allí.  El lugar es hermoso, rodeado de frondosos árboles y un cristalino arroyito, pero es tan silencioso… Queda a más de 20 kilómetros de la antigua estación de ferrocarril de Sapucai, y para llegar uno debe ir por un caminito de tierra.
 
Enfermo de úlcera

En el albergue viven personas que no tienen la enfermedad de mal de Hansen, como el caso de un hombre de 74 años, enfermo de úlcera, que dice llamarse Luis Orton. “La hermana me albergó acá, yo vivía en las calles de Asunción y andaba muy mal. La hermanita me trajo, ahora estoy mejor, pero tengo que tomar un remedio que se llama Taural 150. Mi pasión es juntar piedras, porque yo trabajé mucho tiempo con las piedras en el Brasil. Ahora solo necesito una herramienta que se llama Escapelo, que sirve para trabajar la piedra”, dijo.

De la tristeza empeoró su salud.

Ramón Báez es el interno más nuevo.

Ramón Báez, de 74 años, es el interno más nuevo del albergue. Hace alrededor de un mes, desconsolado, muy triste acudió a una parroquia para pedir ayuda, porque se había enterado que estaba enfermo y su única hermana, Isabel Báez, le menospreció y prácticamente le echó a la calle. “Mi única hermana, a quien tanto le ayudé, me prohibió acercarme a sus hijos, me trató muy mal…”, relata llorando. Tras una pausa agrega: “Entonces salí de su casa y me fui a pedir ayuda en una parroquia, y la hermana me trajo acá… Estaba tan triste que me puse mal y me tomó un derrame de los nervios y la tristeza. Siento mucho lo que me está pasando…”, cuenta mientras enjuagaba sus lágrimas con una toallita. Él es oriundo de Arroyos y Esteros, nunca se casó y tampoco tuvo hijos. Su única familia es su hermana y sus hijos, a quienes extraña mucho, a pesar de todo.

REACCIÓN:

“Quiero hacer algo acá”
- CASIANO ALCARAZ, CHAQUEÑO

Casiano Alcaraz, de 55 años, es oriundo de Puerto Pinazco, Chaco. Hace 8 meses que decidió vivir en la colonia, porque también empezó a sentir el desprecio de sus familiares. “Yo tengo un hijo en Concepción, pero nunca me vino a visitar. A veces siento añoranza y quiero irme nuevamente, porque aún soy joven y puedo hacer muchas cosas. Acá casi no tenemos nada que hacer, me gustaría tener alguna actividad, el año pasado preparé una huerta, pero tenemos muy pocas herramientas”, manifestó.

José Carlos Pereira también vive desde que tiene 18 años en la colonia, hoy tiene 80 años. Actualmente ya no puede caminar y añora la muerte de su esposa, otra interna, con quien compartió 45 años de vida.
Comentar
.-.-
Registrarse  |  Recuperar Contraseña
Para poder comentar debe estar registrado
SESIÓN DE USUARIO
Correo 
Contraseña
REGLAS PARA EL COMENTARIO
-El comentario representa la opinión del lector y no la línea editorial de LA NACION.
-lanacion.com.py no se hace responsable por los comentarios publicados.
-El comentario está sujeto a la revisión de un editor para su publicación.
-Nos reservamos el derecho a eliminar comentarios inapropiados: ofensas, insultos, agravios, groserías, etc.
-Las cuentas de usuarios que no respeten las reglas serán dadas de baja.
-Los usuarios solo podrán escribir hasta 1200 caracteres.
-Aquellos usuarios que dupliquen sus comentarios serán desactivados.
-Si el equipo técnico de lanacion.com.py detecta el uso de datos falsos, el usuario será inmediatamente bloqueado.
-Este espacio no puede ser utilizado para hacer publicidad, promociones ni propaganda de ninguna clase.

© 2011 Grupo Nación de Comunicaciones Todos los derechos reservados. Av. Zavala Cué entre 2da y 3ra / Fdo. de la Mora Zona Sur - Paraguay - Teléfonos: (595-21) 512 520 / Fax Redacción: (595-21) 512 535 - Fax Publicidad: (595-21) 513 455 / Fono Avisos: (595-21) 522 522 - email: digital@lanacion.com.py