Ante el sorpresivo, pero contundente, triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses se han tejido numerosos sobresaltos sobre el relacionamiento que tendrá Washington con los países de la región a partir del 20 de enero próximo. Gran parte de estos temores se vieron azuzados, entre otras razones, por el fuerte discurso del candidato republicano durante la campaña, que se basó en la idea del proteccionismo a la industria local y a la defensa de sus fronteras con el levantamiento de un muro fronterizo que evite a los indocumentados.
Por las designaciones realizadas y por las acciones que ha tomado el magnate hasta ahora, está claro que parte de su discurso de campaña lo va a poner en práctica en los cuatro años de mandato que inaugurará el próximo mes, poniendo fin a los ocho años de la administración del demócrata Barack Obama.
¿Cómo el discurso de uno de los hombres más poderosos del mundo podrá afectar al hemisferio y al Paraguay? No se sabe con certeza de qué manera tendrá influencia aún en la región, pero una cosa también es bastante clara en lo que respecta a nuestro país: se mantendrá el status quo.
Así como ha sucedido en las últimas décadas, el Paraguay mantendrá en los mismos andariveles las relaciones bilaterales con el gigante del Norte. Si hay un elemento que ha caracterizado a la diplomacia paraguaya en los últimos años, ese ha sido su pragmatismo, y esto se ha traducido en el fomento de sus propios intereses –ya sean comerciales, políticos, militares o de índole que fuere– que se han constituido en prioridad, y para ese fin trabajan todas las legaciones diplomáticas de nuestro país en el mundo entero, no solo en Washington.
En la actualidad, las relaciones con los norteamericanos están pasando por muy buen momento, ya que el Paraguay siempre mantuvo una posición coherente respecto a valores fundamentales que son comunes entre ambos países, como la libertad y la democracia.
Para disipar estos temores respecto al próximo inquilino de la Casa Blanca, el embajador paraguayo ante el gobierno norteamericano, Germán Rojas, se encargó de aclarar esta situación al señalar que las relaciones con Estados Unidos no sufrirán alteraciones en el período que le toque a Trump dirigir la nación más poderosa de la Tierra. Asimismo, aseguró que el nuevo gobierno no afectará a las relaciones entre los dos países en materia económica y para ello, el ex ministro de Hacienda de nuestro país –y que sabe mucho de intercambio comercial– destacó que ambas economías no están tan vinculadas, y que esa situación no provocará mayores variaciones, como sí podría ocurrir con otras economías más desarrolladas de la región como Brasil o Argentina, que están expectantes ante los anuncios que pueda hacer el magnate de los bienes raíces neoyorquino, que será el presidente en pocas semanas más.
Rojas advirtió, con muy buen tino y con amplio conocimiento sobre las finanzas de nuestro país, que esa relación solo podría sufrir variaciones en la medida que el Paraguay no pueda honrar sus compromisos crediticios con las grandes corporaciones. A fin de cuentas, el capital estadounidense es hoy el principal inversor directo en nuestro país, gracias a los diversos créditos concedidos.
Naturalmente que los intereses que tiene nuestro país de acrecentar los vínculos con el gigante del hemisferio están siempre latentes, pero la oportunidad es hoy. En la actualidad, las relaciones con los norteamericanos están pasando por muy buen momento, ya que el Paraguay siempre mantuvo una posición coherente respecto a valores fundamentales que son comunes entre ambos países, como la libertad y la democracia.
En los últimos años, en especial desde la llegada de la administración Cartes, la gestión bilateral se ha enfocado en promover un continuo impulso a la transferencia de conocimiento y al acercamiento entre universidades y de traer oportunidades para nuestros estudiantes, a través –por ejemplo– de las becas Fulbright.
De verdad que hay razones para buscar aprovechar la coyuntura, pero sobre todo, de convertir en oportunidad histórica lo que para otros países pareciera ser un inconveniente.

