El presidente brasileño Michel Temer visita el Paraguay este lunes por primera vez desde que asumiera plenamente el poder el pasado 31 de agosto, luego de que la petista Dilma Rousseff fuera apartada definitivamente del cargo, en un proceso de impeachment que se había iniciado en diciembre del 2015.
La venida de Temer se produce en medio de un escenario de marcada turbulencia política en el Brasil, a raíz de los escándalos de corrupción que salpican a connotados dirigentes políticos, así como una situación económica compleja, con millones de personas desempleadas y con una economía paralizada.
En cuanto al contexto internacional, el escenario en la región tampoco dista del ambiente de crisis que predomina en la política interna del Brasil. En este sentido, las relaciones internacionales no son las más propicias, pues el principal bloque político y comercial, el Mercosur, se encuentra estancado primordialmente por la situación de conflicto generada en Venezuela, donde el desafío es aún mayor puesto que Caracas (que también afronta sus propias dificultades internas) se niega a aceptar las reglas democráticas que impone la región y ya ha declarado, en abierto desafío a sus pares mercosurianos, que asume la presidencia pro témpore del bloque, a pesar de que ninguno de los demás miembros plenos le ha reconocido.
A pesar de la tormenta regional, Brasilia sigue siendo un actor diplomático de enorme influencia y peso en la región, y como tal una instancia permanente de consulta. Quizás como nunca antes en los últimos 13 años, Brasilia haya tenido un aliado diplomático como lo ha sido el Paraguay y esto se refleja en las afinidades y coincidencias que mantienen en materia de política exterior.
El caso venezolano es ejemplo claro de esta afinidad. La situación del país caribeño manifiestamente compleja y enredada en términos de una solución satisfactoria y en el corto plazo, exige que la diplomacia intervenga de manera decidida. Así lo ha entendido el gobierno paraguayo, cuya cancillería ha marcado en cierta manera el rumbo a seguir sobre la presión a ejercer sobre Caracas, una postura a la que Itamaraty se ha sumado con criterio homogéneo. Paraguay y Brasil se han mostrado coincidentes en su postura y han puesto el mayor rigor a la hora de exigir el cumplimiento de los requisitos democráticos que el gobierno de Nicolás Maduro se muestra reacio a cumplir. Hoy, Argentina y Uruguay tuvieron que adherirse a este criterio y los cuatro miembros originarios del Mercosur ahora lanzaron un ultimátum al país caribeño.
Pero también los temas bilaterales tendrán su espacio en la reunión que sostendrán Temer y Cartes en Asunción. De acuerdo a la agenda bilateral que se reveló en los últimos días, los mandatarios abordarán también el intercambio fronterizo, en todas sus dimensiones, como ser infraestructura, el comercio, así como el incremento de la cooperación en el combate a los ilícitos.
No cabe la menor duda, para el Paraguay la relación con el Brasil es esencial. Los números muestran un fuerte vínculo con el país vecino: el gigante sudamericano es el principal destino de nuestras exportaciones y es el principal abastecedor de los productos que ingresan a nuestro país. El año pasado, el intercambio bilateral rondó los 3,3 mil millones de dólares. Y en este 2016, ese intercambio ya superó los 2 mil millones de dólares. Y estos números según las previsiones de los analistas tienden a seguir creciendo en los próximos años. Deben seguir creciendo.
La visita por algunas horas del mandatario brasileño pondrá de relieve que entre Asunción y Brasilia hay muchas más coincidencias que divergencias, y estas relaciones se entienden dentro de un contexto de una nueva matriz regional, donde los países se presentan a la mesa de negociaciones en igualdad de condiciones y con la búsqueda permanente de suprimir sus asimetrías.

