Más que un error, como afirmó el ministro del Interior, eliminar a la Fuerza de Tarea Conjunta sería un horror; la ecuación es bien sencilla: si con la presencia de fuerzas especiales, más o menos mal o bien entrenadas, los del EPP logran dar de vez en cuando un golpe de secuestro, generalmente, al menos en los últimos años, a gente desprevenida y sin protección particular –no es difícil calcular la cantidad de efectivos y el costo que tendría poner protección a todos los habitantes de tres departamentos bien poblados del país–, qué no pasaría si no hubiera una fuerza armada custodiando la región.
De hecho, durante sucesivos gobiernos y la dirección de sucesivos ministros del Interior y jefes de las fuerzas movilizadas, la situación de inseguridad sigue primando en el territorio "en conflicto" pese a la presencia de la FTC.
Es decir, desde que se creó esta fuerza especial –bajo gobiernos diferentes, de fuerzas políticas diferentes– no se ha podido evitar lo que hasta ahora son actos aislados del grupo armado que tiene más de criminal y chantajista que de ejército popular, lo que se refleja en que la mayoría de sus víctimas no son "oligarcas", sino ciudadanos comunes, trabajadores desamparados, policías desprevenidos.
Lo notable es la capacidad de criticar que tienen muchos políticos después de haber afrontado el problema con los mismos e incluso menores resultados.
Pero no nos detengamos en el facilismo de la política jahe'o, la política del plagueo.
No es difícil calcular el horror que se impondría en la zona sin la presencia de una fuerza armada precautelar. El EPP y los narcos estarían a sus anchas sin resistencia, con las precarias comisarías de antaño, sin recursos siquiera para defender sus propias seccionales y a sus agentes.
De hecho, para refrescar la memoria, no hay que olvidar que antes incluso que surgiera este grupo con pretensiones políticas de subversión se hablaba de la ausencia del Estado en la inmensa región.
Salvo las escuelas, que pese a la precariedad, abundan a lo ancho y lo largo de toda la República, en esa zona no ha habido por décadas otra presencia estatal activa, y hablamos de un amplio territorio, donde desde mucho antes la criminalidad imperaba, desde el tráfico de rollos al de marihuana y drogas más pesadas.
- No es difícil calcular el horror que se impondría en la zona sin la presencia de una fuerza armada precautelar. El EPP estaría a sus anchas sin resistencia, con las precarias comisarías de antaño, sin recursos siquiera para defender sus propias seccionales y a sus agentes.
Es decir, donde, ante la ausencia del Estado, se impuso la presencia de las organizaciones mafiosas, en alianza narcosur, mucho antes de que el Mercosur existiera, y con más eficacia ejecutiva.
Si con la FTC hay inseguridad, sin ese despliegue que da presencia al Estado esa parte del territorio nacional hace rato que habría estado en manos de los delincuentes; y no habría un secuestro cada tanto, sino que la población total viviría en estado de secuestro, tratando de esquivar los impuestos nacionales para pagar los "impuestos revolucionarios" o los "impuestos narcotraficarios".
Lo más llamativo de la cuestión planteada es que muchos de los proponentes del retiro de la FTC han demostrado más simpatía por los secuestradores que por los secuestrados, por los abusadores que por los abusados.
El retiro de la FTC dejaría una zona que abarca tres departamentos y algo más totalmente desprotegida al arbitrio de los grupos armados y autoproclamados liberadores, aunque hasta ahora solo dan muestras de ser secuestradores y abusadores de sus compatriotas.
Está claro. No sería un error de los poderes del Estado, sino un horror que se va a cebar más contra los paraguayos.

