Por Clari Arias

@clariarias

En las últimas horas miles de internautas fueron testigos de una inusual batalla de "tuits" calientes entre el ex ministro del interior Rafael Filizzola y el periodista Roberto Pérez. En la red social Twitter ocurren peleas mediáticas a cada hora y en cada pueblo en donde haya más de un usuario del pajarito más famoso del mundo.

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Pero esta demostró ciertos niveles de nerviosismo de Filizzola ante las respuestas irónicas del periodista. Por supuesto que ante semejante enfrentamiento no tardaron en llegar, en aluvión, mensajes a favor de uno y de otro "peleador".

Pero déjenme referirme a la pareja de mediáticos políticos fundadores del Partido Democrático Progresista, Rafa y Desirée, porque en el mundillo de la política paraguaya son marca registrada por mérito propio, y cuando los llamamos por sus nombres de pila (y hasta por su diminutivo, en el caso de Rafael) sabemos que son ellos y no otros.

Son una pareja que necesita desesperadamente de la prensa y para tal situación son capaces de cualquier cosa, incluso ofrecer niveles de amistad a periodistas incautos, que, obnubilados por el acercamiento a cierto poder, caen como presas fáciles de las ansias de ser "amigos" del matrimonio Filizzola-Masi.

Convengamos que no es ningún delito que periodista y político se hagan amigos en el trajín de esa noble batalla de preguntar y responder, pero no deja de ser llamativo el nivel de acercamiento que principalmente ofrece la senadora Masi para con sus "amigos" periodistas, a quienes llena de comentarios afables y simpáticos en sus perfiles de las redes sociales.

Pero cuando por alguna razón ese "periodista amigo" critica algo de las vidas públicas del matrimonio, ambos son capaces de despotricar hasta perder por completo los estribos (pongo como ejemplo al periodista Vargas Peña, víctima de la "ferocidad" de la senadora).

Esto fue lo que le pasó a Rafa (así lo llaman sus seguidores) en la tarde-noche del martes cuando escribió en Twitter frases como

"ñembo macho para maltratar a mujeres. Jajotopáta tape po'ípe algún día", o la temeraria afirmación "cuando tengas coraje o José Ortiz te permita, sabés dónde estoy".

Roberto Pérez que jugó más calmado la partida le devolvía ironías en cada tuit, "tu cuenta es con la justicia, no conmigo, no recules vos. Enfrentala. Éxitos".

La desmedida reacción de Filizzola, sin haber escuchado siquiera lo que el periodista dijo en la radio, demuestra su nivel de estrés y nerviosismo por los casos judiciales que le toca enfrentar, después de haber sido ministro del impresentable de Lugo. Lo más doloroso de las respuestas de Rafa es que hace lo mismo que critica (lo que no significa que Pérez haya dicho una mentira) del periodista: difunde sofismas.

Porque yo sí puedo dar fe de que Roberto Pérez no tuvo jamás relacionamiento alguno con el empresario José Ortiz (presidente de Tabesa, integrante del círculo más cercano al Presidente) y ni siquiera lo conoce personalmente (nunca le ha estrechado la diestra).

A José me une una amistad respetuosa y recíproca que data de hace unos buenos años, y NUNCA ha levantado el teléfono para darme recomendaciones, instrucciones u órdenes (algo muy dudoso, ya que no estamos en relación de dependencia laboral) sobre temas editoriales que se traten en el Grupo Nación. A Rafa y a Desirée nadie los obligó a trabajar profesionalmente en política.

Y todo lo que les pase en ese ámbito es absoluta responsabilidad de ellos mismos. Si quieren seguir en el ruedo, deberán deponer esa actitud hostil de creer que todos están en contra de ellos por orden de Cartes.

Y lo más importante para Filizzola será concentrarse en sus problemas judiciales, para solucionarlos lo antes posible, si es que tienen solución. De su explosiva cónyuge no se puede esperar mucho, porque a veces confunde el Congreso con los pasillos del arrabal, en donde prevalecen los gritos y la patoteada, antes que las argumentaciones de la razón.

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