Por: Emmanuel Báez Rodríguez

@mrtenno

No me siento para nada viejo, por más que la sociedad diga que uno ya deba sentirse así antes de los cuarenta años, pero sí me hago preguntas con respecto a la edad y el paso del tiempo que seguramente no me haría si no fuera padre. Hace unos días veíamos con mi novia una película acerca de una pareja que en un momento se preguntaba seriamente si su hija sería buena con ellos cuando fuera joven, y me hizo preguntarme exactamente lo mismo, con otras cuestiones añadidas.

El tema es que yo creo que por más padre ejemplar que uno sea, mucho influye la relación que tienen los hijos con factores externos que están más allá del control familiar. Los amigos, las nuevas tendencias culturales, la tecnología, la música, ¡el cine! Y eso exactamente me hace pensar en las cosas que distraerán o apasionarán a mis hijas dentro de diez o quince años, considerando cómo cambió el mundo en cuestiones tecnológicas y culturales en los últimos veinte años.

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Qué tipo de música escucharán en ese entonces, qué clase de actividades serán divertidas para ellas. ¿Querrán salir de casa o preferirán quedarse gran parte del tiempo en sus habitaciones? ¿Cómo serán sus amigos y qué cosas les apasionarán a ellos? ¿Qué tipo de películas verán? No me imagino un mundo donde mis hijas no aprecien el maravilloso séptimo arte. ¿Pero y si no les gusta? Mi hija de cinco años ya disfruta bastante ir al cine conmigo, pero muchas cosas pueden cambiarla en el transcurso de diez años, y esta pregunta me está quemando la cabeza desde hace varios días.

La verdad es que no hay mucho que podamos hacer al respecto, sino seguir siendo buenos padres y tratar de mantener despierta la llama de la conversación y el respeto a medida que va creciendo y conociendo cosas nuevas. No quiero ser uno de esos padres que pretende prohibirle qué tipo de música escuchar porque si no lo hace en casa, lo hará en otro lado, con alguna amiga, y eso es algo que la mayoría de los padres no quiere aceptar. También es algo sobre lo que uno no tiene control, así que depende ya de cómo otros padres hayan criado a sus hijos, que luego serán amigos de mis hijas.

En cierto sentido, puede ser muy frustrante pensar en eso porque a uno le entran miedos e inseguridades que no tendrán respuesta hasta dentro de muchos años. Es un camino inquietante que es mejor recorrer en compañía y con algo de meditación regular, esperando que sea suficiente lo que uno hace en busca de un mejor futuro para los hijos. En estos casos, es muy importante concentrarse en los pequeños logros a medida que van creciendo, que pueden convertirse en grandes logros dependiendo de cómo los acompañemos. Felicitarles por pedir "permiso" y decir "por favor" puede hacer una gran diferencia en el futuro.

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