Zúrich, Suiza | AFP, por Eric BERNAUDEAU.

Gianni Infantino, su nuevo presidente, ha proclamado que "la crisis está terminada", pero la FIFA, pese a las reformas aprobadas, tiene todavía mucho trabajo por delante para recuperar la credibilidad perdida, un año después de que estallara el mayor de sus escándalos, con las detenciones en Zúrich de dirigentes del fútbol, en vísperas de un Congreso electivo.

El 27 de mayo de 2015, en el hotel Baur au Lac, siete altos dirigentes del fútbol internacional fueron detenidos a primera hora de la mañana a pedido de la justicia estadounidense.

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El acta de acusación de aquel día incluyó a 14 personas, entre ellas 9 miembros o exmiembros de la FIFA, y habló de unos 150 millones de dólares (132 millones de euros) en sobornos y retrocomisiones desde los años noventa.

El 2 de junio, víctima de una gran presión mediática y de los agentes del fútbol, Joseph Blatter anuncia su marcha, que se hizo efectiva cuando se eligió a un sucesor en el Congreso electivo. El anuncio llegó apenas cuatro días después de que Blatter hubiera ganado las elecciones para un mandato que debía durar hasta 2019.

Blatter no pudo luego cumplir sus planes, ya que fue suspendido por 6 años por la justicia interna de la FIFA por un controvertido pago de 1,8 millones de euros (2 millones de francos suizos) que había realizado a Michel Platini, presidente del fútbol europeo, en 2011, supuestamente por un trabajo de asesoría concluido una década antes.

El francés, suspendido 4 años tras los recursos que ha ido presentando desde entonces -la suspensión inicial era de 8 años-, tuvo que renunciar en su día a su objetivo de presentarse a la sucesión de Blatter. Infantino, su número 2 en la UEFA, fue quien consiguió finalmente ganar las elecciones de la FIFA.

"No olvidaré nunca ese 27 de mayo", reconoció Blatter en una entrevista con la AFP.

"Me conmocionó, me afectó profundamente, escuchar a la justicia estadounidense hablar de la FIFA como de una asociación de mafiosos", afirmó.

- Detenciones y sospechas -

Desde hace un año, la justicia estadounidense y la justicia interna de la FIFA realizan su limpieza particular, con extradiciones y detenciones por un lado, y con suspensiones por el otro.

Además de Blatter y Platini, víctimas de los escándalos del último año, también fue derribado Jérôme Valcke, exsecretario general de la FIFA y que fue despedido y luego suspendido 12 años por un caso de reventa de entradas en el mercado negro.

El alemán Markus Kattner, director financiero y secretario general adjunto, que entró en la FIFA en 2003, cesó en sus funciones el lunes, acusado de infracciones en el ejercicio de su cargo.

Más allá de esa purga de altos dirigentes, la FIFA dio muestras de buena voluntad al aprobar en febrero un ambicioso plan de reformas de su gobierno, contemplando sobre todo una limitación de los mandatos del presidente, un control de la integridad de los miembros de su gobierno y una transparencia de sus ingresos.

La FIFA mostró "al mundo con qué seriedad continuamos las reformas y el desarrollo del fútbol en el marco de un proceso democrático", aseguró hace diez días en México Infantino, durante un Congreso que deseaba que fuera de consenso, pero que concluyó con la dimisión de Domenico Scala, presidente de la Comisión de Auditoría y Conformidad, además de uno de los iniciadores de las reformas.

Scala protestaba contra la aprobación de una medida que ponía en duda en su opinión la independencia de ciertos órganos de la institución encargados sobre todo de investigar a sus miembros.

"Sin estas medidas de urgencia, ningún cambio sería posible antes del próximo Congreso, en mayo de 2017", respondió Infantino, asegurando que la utilización de ese nuevo poder sería "limitado en el tiempo, hasta el próximo Congreso".

Durante ese mismo Congreso en México, Infantino sorprendió con el anuncio del nombramiento como secretaria general de la senegalesa Fatma Samba Diouf Samoura, de 54 años y con 21 años de experiencia trabajando en la Organización de las Naciones Unidos (ONU). Una amiga del mítico futbolista camerunés Roger Milla, pero sin ninguna experiencia en una gran organización deportiva.

En el entorno de Infantino subrayan que mientras hace un año la organización estaba hundida "ahora hay perspectivas".

Aunque hay voces que ponen el proceso en duda. Mark Pieth, exreformador de la FIFA, cree que Infantino "se está +blatterizando+ ya".

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