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El único líder quiere reelección

Enrique Vargas Peña

El abogado Marcos Fariña, por instrucción y mandato de su cliente Fernando Lugo, está presentando al país una lectura del Artículo 229 de nuestra Constitución que deberá eventualmente figurar en los anales de la interpretación constitucional como la muestra más temeraria de oportunismo que se haya dado jamás en esta materia en el mundo entero.

Hay que reconocerle a Marcos la magnitud de su audacia. Todo para que Lugo, el “único líder” de la izquierda paraguaya, único porque como todos los demás bolivarianos del Continente los nuestros repiten no solo Lenin sino Stroessner, pueda volver a competir por la presidencia de la República en las elecciones de 2018.

El Artículo 229 de nuestra Constitución dice: “El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso. El Vicepresidente solo podrá ser electo Presidente para el período posterior, si hubiese cesado en su cargo seis meses antes de los comicios generales. Quien haya ejercido la presidencia por más de doce meses no podrá ser electo Vicepresidente de la República”.

Y Marcos lee: “El Presidente en funciones, y solamente el Presidente en funciones, no podrá ser reelecto en ningún caso; los ex presidentes podrán ser reelectos”.

La frase que define la cuestión es “no podrán ser reelectos en ningún caso”, especialmente la precisión “en ningún caso”.

Marcos cree que la primera frase del artículo (“El Presidente…”) le permite limitar el alcance de la segunda (“no podrán…”) solamente a los presidentes en funciones porque de un modo arbitrario olvida, pasa por alto y borra la precisión “en ningún caso”.

Voy a seguir la lógica de Marcos, no porque sea correcta sino para mostrar que aún desde ella está equivocado: Fernando Lugo fue presidente constitucional de la República, luego, según Marcos, al menos durante ese periodo de tiempo se le aplicaba el Artículo 229.

En consecuencia, incluso para Marcos, se le aplicaba a Lugo la precisión “en ningún caso”.

Hasta donde entiendo, nuestra Constitución fue pensada y redactada en idioma castellano, oficial en nuestra República según el Artículo 140 de la misma, lo que significa que las palabras del idioma castellano usadas en su redacción quieren decir lo que expresan en idioma castellano y no lo que el cerebro de Marcos Fariña cree que dicen.

Define la Real Academia de la Lengua: “ninguno, na. Del lat. nec unus ‘ni uno’. Apóc. ningún ante s. m. sing. y en ocasiones inmediatamente antes de s. f. sing. que empieza por /a/ tónica en aceps. 1-3. 1. adj. indef. Expresa la inexistencia de aquello denotado por el nombre al que modifica. U. solo en sing. Ningún día es igual al anterior. No he tenido ningún problema. U. t. pospuesto al s. precedido de un elemento negativo. No he tenido problema ninguno. Sin amigo ninguno. 2. adj. indef. Nada de. U. solo en sing. con nombres abstractos. No siente ninguna lástima. No tiene ninguna gracia. U. t. pospuesto al s. precedido de un elemento negativo. No tiene interés ninguno. 3. adj. indef. Con ciertos nombres de contenido valorativo añade énfasis a la negación y equivale a un. No es ningún monstruo. U. t. en pl. No son ningunos monstruos. 4. adj. indef. Con ciertos nombres abstractos forma plurales enfáticos o estilísticos. No tenía ningunas ganas de ir. 5. pron. indef. m. y f. sing. Denota la inexistencia de una entidad. U. referido a un sintagma nominal mencionado o sobrentendido, o bien para aludir a uno pospuesto e introducido por la preposición de. Ayer compré bombones, pero no queda ninguno. Ninguna de tus amigas estaba de acuerdo”.

En síntesis, la precisión “en ningún caso” que está en el Artículo 229 de nuestra Constitución y que incluso Marcos Fariña reconoce que se aplicaba a Lugo mientras fue presidente, significa que Fernando Lugo no puede ser reelecto porque no hay caso alguno, circunstancia alguna, situación alguna, tiempo alguno en el que pueda serlo: “En ningún caso” significa en idioma castellano ni un solo caso, cero caso, ni siquiera el caso de que haya dejado de ser presidente.

Nuestra Constitución no hace distingo alguno para decir, por ejemplo, “en ningún caso excepto este o aquel”; luego, Marcos no puede agregarle legítimamente ese distingo y no puede leer la precisión “en ningún caso” como limitada de forma alguna.

Nuestra Constitución no dice “en ningún caso mientras esté en funciones” sino que dice “en ningún caso” a secas, lo que quiere decir exactamente lo que dice. Nuestra Constitución no limita la precisión “en ningún caso”, sino que la hace imperar sola, sin cortapisas, completa, extendida y abarcante.

Luego, me parece claro que “en ningún caso” incluye el de aquellos que hayan ejercido la presidencia y ya no la ejercen. Al haber ejercido la presidencia de la República, Fernando Lugo quedó, siguiendo la interpretación de Marcos, sujeto a las disposiciones del Artículo 229 de nuestra Constitución y, por tanto, la precisión “en ningún caso” le sigue afectando directa y particularmente.

Pero, obviamente, la interpretación de Marcos es temeraria y cualquiera que haya leído o se moleste en leer ahora las actas de la Convención Nacional Constituyente sabe o puede saber que los representantes del pueblo paraguayo allí reunidos rechazaron cualquier idea, repito, cualquier idea, sobre la reelección presidencial porque salíamos de un sistema en el que la reelección había sido la piedra angular del régimen autoritario y las sociedades que no capitalizan las lecciones de su propia historia están fatalmente condenadas a repetirla.

La reelección es un mal absoluto como lo pueden atestiguar ahora los bolivianos que están sufriendo la perpetuación de Evo Morales, los ecuatorianos que sufren la de Rafael Correa, los venezolanos que sufrieron la de Hugo Chávez, los nicaragüenses que sufren la de Daniel Ortega.

Los norteamericanos aprobaron la Vigésimo Segunda Enmienda de su Constitución eliminando la reelección indefinida justamente por los mismos argumentos por los que nosotros eliminamos la reelección: “Cuatro periodos, o dieciséis años, es la más peligrosa amenaza a nuestra libertad nunca propuesta”, dijo Thomas Dewey al proponerla en la línea definida por Thomas Jefferson, quien sostuvo que “Si algún límite a los servicios del principal magistrado no está fijado por la Constitución o proveído por la práctica, sus funciones, nominalmente de cuatro años, terminarán, de facto, siendo vitalicias” (http://bit.ly/1KGISGs).

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